LIBROS ENCANTADOS

Publicado marzo 12, 2015 por alvarengomez
Categorías: Sin categoría

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A tí, que has seguido este blog durante mucho tiempo, que has demostrado fidelidad y gusto, quiero hacerte partícipe del nacimiento de una PAGINA EXCLUSIVA DEL AUTOR que pretende recopilar el material literario y de investigación que se hallaba disperso por LA RED.

Será una página completa y, como siempre, mágica y llena de sorpresas, donde podrá seguir sus RELATOS CORTOS más fascinantes y divertidos, acceder a sus PUBLICACIONES digitales, consultar y participar en cualquiera de sus tres BLOGS:

– Nada personal

– Háblame de nostalgias

– Últimos enigmas.

Entra ahora y comienza una nueva aventura.

Álvaro Rendón

Gracias, Álvaro Rendón

Un enigma llamado Julio Verde

Publicado junio 7, 2014 por alvarengomez
Categorías: Investigación

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 24.5.2014

 

El enigma brota al analizar la frase póstuma de Verne: “Me siento el más desconocido de los hombres”. Resulta paradójico que dijera eso uno de los escritores más leídos de la historia universal de la Literatura. Que alguien que defendió la naturaleza hueca de la Tierra, pionero de los ovnis y uno de los primeros ecologistas conocidos, creyera ser víctima de una lectura superficial de su obra.

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En Julio Verne, ese desconocido, Miguel Salabert la explica argumentando que en los relatos de Verne “el continente ha ocultado el contenido”. Tal vez, esta obsesión por ocultar se deba a una sobreprotección de su editor Pierre-Jules Hetzel, exhaustivo controlador de las ideas ocultas de Verne, que le permitiera seguir editando para supuestos lectores juveniles.

Al analizar su obra desde otra perspectiva, observaremos que Verne no escribe sólo aventuras para este público adolescente, sino que maliciosamente ha querido trasmitir “secretos” que, unas veces están relacionados con su dramática vida, y en otras revela conocimientos ocultados por sociedades iniciáticas de su época.

¿Quién era Julio Verne? ¿Qué vida llevó este genial bretón, nacido en Nantes un 8 de febrero de 1828, y bautizado como Jules Gabriel Verne Allott? ¿Fue un “iluminado”, en el sentido esotérico del término, o un profeta que se adelantó a su tiempo con descubrimientos como el ascensor, las armas de destrucción masiva, el helicóptero, las naves espaciales, la red de comunicación terrestre (internet), los motores de explosión y eléctricos, los trasatlánticos y las plataformas marinas (portaviones), así como la navegación subpolar a bordo de un submarino?

¿Qué fatalidad le persiguió a raíz del rechazo de su prima Carolina Tronon que convirtió su juventud en un infierno, agravada a raíz del casamiento de esta con un “presumido de Nantes”?

¿Qué extraña novela escribía cuando en 1886, con 58 años e instalado en Nantes, Gaston, su sobrino –hijo de su hermano Paul-, le dispara dos tiros de revólver que lo deja cojo para el resto de su vida?

Tal vez se trataba de la novela titulada París en el siglo XX, donde un joven vive en una ciudad con rascacielos de cristal, trenes de alta velocidad, automóviles propulsados con gas, calculadoras, red mundial de comunicaciones, pero que le resulta imposible lograr la felicidad y acaba trágicamente.

Esta novela pesimista habría deprimido al sobrino, enloqueciéndolo y acabando internado en un manicomio. Su editor la juzgó como peligrosa y decidió esperar veinte años para publicarla, guardándola en una caja fuerte, y viendo finalmente la luz en 1994.

Como cualquier autor, en Verne no todo fueron triunfos, glorias y parabienes. El manuscrito de su primera novela, Cinco semanas en globo, recorrió los despachos de quince editoriales –”quince necios”, como escribiría más tarde-, antes de convertirse en éxito.

La suerte fue seguir los consejos de su amigo Nadar que le recomendó al editor Julio Hetzel. Al acabar de leer el manuscrito, Hetzel le sugirió que convirtiera aquel libro polémico sobre la aerostática en una “auténtica novela”, porque “usted tiene talento”.

Desde su publicación en 1863, se convierte en un apabullante éxito de ventas. Ese mismo año, Hetzel le ofrece un contrato por veinte años, a razón de 20.000 francos por año, y con la obligación de escribir dos novelas anuales.

Y no todas sus novelas son creaciones propias y misteriosas anticipaciones. Aunque nunca dispuso de “negros” –de escritores anónimos que trabajaban para él-, en su novelaLa vuelta al mundo en ochenta días, toma los datos de un folleto turístico de la Agencia de Viajes Cook; el título, de un cuento de Edgar Allan Poe Tres domingos en una semana; y el itinerario, de un artículo de Le Magasin Pittoresque (1870).

El anuncio aseguraba que “gracias a la excavación del istmo de Suez, es posible ahora, partiendo de París, dar la vuelta al mundo en menos de tres meses. El servicio para este viaje circular no ha de tardar en ser organizado (…) en total, ochenta días”.

Julio Verne fue siempre un desgraciado. Sus padres pertenecían a familias burguesas, ascéticas, católicas a ultranza y maníacas del orden y la puntualidad, que le negaron seguir su auténtica vocación, la de marino.

Por esta razón, a los once años, se fuga de casa y embarca clandestinamente en La Coralle que se dirigía a la India. Descubierto en Paimboueuf, fue devuelto a Nantes, donde fue azotado sin piedad, rompiéndose de este cruento modo las frágiles relaciones paterno-filiales.

En París estudia para abogado, aunque escribe piezas teatrales, óperas cómicas y sainetes. Alejandro VI, escrita en 1848, le sirvió para conocer a los Dumas, padre e hijo, y entrar en los círculos literarios parisinos.

Enterado el padre, suspende el envío de la pensión de 100 francos semanales y Julio malvive como secretario del Teatro Lírico. En 1856 se traslada a Amiens donde conoce a Honorine, viuda con dos hijas pequeñas, con la que se casa al año siguiente.

Pronto descubrirá que su matrimonio es un fracaso porque Honorine vive más pendiente de los fastos sociales que de su hogar. La muerte de su madre y los problemas de rebeldía de su único hijo, Michel, recluido en un manicomio a petición de Julio, le produjo drásticos cambios en su personalidad, que la muerte de su editor Julio Hetzel, hombre trabajador y dedicado a supervisar la obra de Verne, vino a acentuar.

El hijo de Hetzel, que continuó la empresa de su padre, no era tan riguroso en las correcciones como lo había sido aquel. Esta circunstancia obligó a Verne a dedicarle muchas horas a la corrección, lo que le ocasionó una parálisis facial.

Sin embargo, sus biógrafos afirman que el deterioro de la salud de Verne se debió a los tremendos desarreglos intestinales que sufría desde que estudiaba Derecho en París, donde gastó todos sus ahorros en libros y los esporádicos trabajos apenas alcanzaban para comer, lo que le ocasionó desarreglos estomacales e incontinencia fecal, que acabarían por desfigurarle la cara.

En una carta a su madre revelará el infierno de su vida: “Una vida que limita al norte con el estreñimiento, al sur con la descomposición, al este con las lavativas exageradas, al oeste con las lavativas astringentes (…) Es probable que estés enterada, mi querida madre, de que existe un hiato que separa a ambas posaderas y no es sino el remate del intestino.

Ahora bien, en mi caso el recto, presa de una impaciencia muy natural, tiene tendencia a salirse y, por consiguiente, a no retener tan herméticamente como sería deseable su gratísimo contenido (…) acarrea graves inconvenientes para un joven cuya intención es alternar en sociedad y no en suciedad”.

En 1888, Verne fue elegido concejal de Amiens formando parte de una lista de republicanos progresistas. Sus motivos para tal “locura” no fueron por vanagloria del poder, sino para servir a la sociedad, mejorar la ciudad, impulsar la instrucción y las Bellas Artes.

En los doce años que estuvo de concejal –en tres mandatos: 1892, 1896 y 1900- potenció el teatro, consiguió becas para la Escuela de Medicina, mejoró el trazado de Amiens y construyó un espléndido circo.

El 26 de julio de 1905 escribe que tiene el “estómago deshecho, piernas enfermas, reumatismo por todas partes. Y a mi edad, uno no se recupera”. El 24 de marzo de 1905, viernes, a las ocho de la mañana, moría a causa de una diabetes. Antes de perder el conocimiento exclama “sed buenos”.

Fue enterrado en el cementerio de La Madeleine, al noroeste de Amiens. Le colocaron los brazos a lo largo del cuerpo y no sobre el plexo solar, pues decía que esta postura “obstaculizaba la salida del astral”.

La tumba es obra del escultor Albert Roze, íntimo amigo de Verne, que podría contener la clave de sus conocimientos, sus sueños y su obra. Siguiendo instrucciones de Verne, capaz de plantear en sus escritos más de cuarenta mil criptogramas, sobre el sepulcro, erigido en 1907, mandó esculpir una serie de objetos, como una rama de palmera, símbolo de la inmortalidad o del “ave phoenix” que resurge de sus cenizas; una palmera, Arbol de la vida, o “etz hajaim” de los cabalistas (etz, árbol; jaim, vida eterna).

Sobre la palmera, una estrella de seis puntas, la superposición de dos triángulos equiláteros antagónicos, el que simboliza a la tierra (vértice apuntando al suelo) y al aire (vértice apuntando al cielo).

También hay una cruz inscrita en un círculo, que simboliza las cuatro direcciones del templo, o la realización de la obra alquímica; y una rama de olivo, símbolo de “la paz del justo”. La losa tiene forma de pentágono pitagórico. De él irrumpe, como brotando del suelo, un Julio Verne con la mano derecha alzada y orientada hacia el oeste, donde se destaca la posición de los dedos (1-3-1).

Según los biógrafos, Verne elaboró un epitafio que debía presidir el muro del mausoleo:Vers l’immortalité et l’eternelle jeunesse (hacia la inmortalidad y la eterna juventud), pero no existe tal epitafio.

En su lugar, Roze lo cambió por un acróstico incluido en el nombre Jules Verne, en donde destaca las letras J, L, V, R y E; es decir la la primera, tercera, sexta, octava y última E resaltan sobre el conjunto con un dorado especial.

Para J.J. Benítez, en su libro Yo, Julio Verne, sugiere que el acróstico podría significar, con las pertinentes correcciones en el orden: «Albert decide été, jour magique note, sepulture vers west (ouest)». Que se traduciría como “Verano, nace sepultura hacia Oeste”; es decir que, supuestamente, el sol del solsticio de verano, 21 de junio, por el camino del oeste, en el ocaso, «ennegrece» u «oscurece» el sepulcro.

La sombra de la mano abierta de «Verne» oscurece las fechas 1828 y 1905, de nacimiento y fallecimiento. Tras muchas reducciones numéricas y conjeturas, los números señalarían a la novela El testamento de un excéntrico, como el lugar donde Verne “escondió” las claves de su enigmático conocimiento.

De todo lo anterior, muchos estudiosos apuntan a que Verne pudo tener acceso a otras “fuentes” del conocimiento, mucho más depuradas y secretas, sugiriendo una lectura iniciática de la obra de Verne.

El Viaje al centro de la Tierra, El castillo de los Cárpatos, etc., pudieran contener una simbología alquímica, ocultas doctrinas de masones y rosacruces; o revelarnos su pertenencia a hermandades tan secretas y esotéricas como los “Iluminados de Baviera”, la “Sociedad angélica” o la peligrosísima “Golden Dawn” (“Hermanos del alba dorada”) que, según Samuel Lidelí Mathers, estaba organizada en torno a once grados iniciáticos, bajo la protección y dirección de los llamados “Superiores desconocidos”.

¿Quiénes eran esos “Superiores desconocidos”? ¿Tal vez, conciencias cósmicas, seres astrales o demonios? En Verne nada debería sorprendernos y, quizás ahora, la lectura de sus apasionantes relatos nos revele lo que ha permanecido oculto durante más de un siglo.

Esoterismo del Ajedrez

Publicado marzo 23, 2014 por alvarengomez
Categorías: Investigación

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 23.3.2014

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¿Alguna vez nos hemos parado a pensar sobre el origen y finalidad de muchos de los juegos que entretuvieron nuestra niñez? Aventuras tan extrañas como el Juego de la Oca, que nos obligaba a saltar de una casilla a otra porque aplicábamos la regla del pareado “de oca a oca y tiro porque me toca”; los castigos que sobrevenían al caer a un pozo; pasar varias manos inactivos por estar en la cárcel; o dejarse llevar por la corriente al caer en el casillero de un puente.

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Muchos creemos que este juego es esotérico, con mensajes que escapan de nuestra habitual comprensión; siendo el preferido de los maestros canteros, constructores de catedrales, que se veían obligados a viajar de una obra a otra bien porque el cabildo de la catedral se hubiera quedado sin recursos o porque sobrevenía el invierno.

Algún día, hablaremos del Juego de la Oca, así como del Tres en raya, la Gallinita ciega, el Dominó, las Damas, o la Rayuela, cuyos orígenes se pierden, como decía el poeta, en la nebulosa del tiempo.

Hoy nos ocuparemos de saber un poco más sobre el Ajedrez, ese maravilloso juego de estrategia creado, según conocemos por la narración de Al-Sefadi referida al rey de Persia que estuvo tan encantado por el juego que prometió regalar al inventor lo que deseara y él se limitó a señalar que “sólo” deseaba un grano de arroz en el primer casillero; dos, en el segundo; cuatro (dos al cuadrado), en el tercero; dieciséis (cuatro al cuadrado), en la cuarta; y doblando en las siguientes. De manera que llegado al casillero séptimo, la cifra iba por 4.294.967.296 granos.

No hubo arroz en toda Persia, ni en todo Asia para pagar al inventor del ajedrez. ¿Sabéis cuál fue la cifra final: 18.446.744.073.709.551.615 granos de arroz. Es decir, el equivalente a la producción mundial de toda la superficie de la Tierra durante ocho años.

Todo en el Ajedrez es prodigioso y misterioso. Algunos maestros orientales empleaban el juego del ajedrez para desvelar la Sabiduría secreta encerrada en sus reglas y en su estructura. En los Puranas, todos los juegos de azar estaban absolutamente prohibidos por Manu. Sólo el ajedrez era enseñado por los brahmanes. Porque, para los kshatriyas, la guerra es una actividad sagrada, una manera de combatir los errores y afirmar las virtudes del Ser. Es también un ritual que permite dominar la realización en el plano presente de manifestación.

Lo que se sabe a ciencia cierta es que el Ajedrez es una variante de otro juego de estrategia muchísimo más antiguo, el chaturanga (que significa, “cuatro miembros”), que sirvió para desarrollar el xiangqi, el shōgi o el markuk, y originario de la India septentrional como juego para cuatro jugadores que situaban sus fichas alineadas con las cuatro esquinas del tablero.

Tras la conquista del imperio sasánida por el Islam, entre los años 632 y 651, el juego se introdujo en otros continentes. El que conocemos en nuestros días, se desarrolla sobre un tablero cuadrado, o damero, dividido en 64 cuadrados (8 x 8) del tipo mercurial (Mercurio-Hermes es el iniciador en los misterios) que se relaciona con Hod, la sefirah número ocho del Árbol de la Vida, en la Cabalá judía.

Su número mágico es 1, por reducción esotérica [8 x 8 = 64; 64 = 6 + 4 = 10; 10 = 1 + 0 = 1], que se asocia con la vuelta al origen, y en el Tarot con el arcano de la Rueda de la Fortuna, la Rueda de Sâmsara para los budistas, anunciador de un nuevo ciclo, representado por dos animales girando sobre la rueda, uno asciende y otro desciende.

El uno es símbolo de la unidad. Para Lao Tsé, “el Tao origina lo Uno, lo Uno original, del que deriva el Yin y el Yang, del que parten todas las cosas”. El I Ching va más lejos añadiendo que ambas energías (positiva y negativa) engendraron las cuatro figuras (szu-hsiang) y estas engendraron los ocho signos. En La Doctrina Secreta de H. P. Blavatsky el ocho es la ogloada, el movimiento eterno y su espiral de los ciclos, simbolizado por el caduceo (que corresponde a Mercurio).

Las piezas se dividen en dos bandos, o ejércitos: los de la luz o devas, las piezas blancas, y los de las tinieblas, o asuras. Para René Guénon, lo blanco es símbolo de lo manifestado o fuente original de toda la gama cromática y corresponde a la tierra; lo negro, es lo no-manifestado, o ausencia de luz, y corresponde al cielo.

Ambos contendientes parten con el mismo armamento: infantería, o peones; caballería, o caballos; carros de combate o torres; alfiles o elefantes); y los mandos o autoridades, el rey y la reina.

Hablar de los peones, la infantería de vanguardia, es hablar de piezas susceptibles de sacrificarse (de sacrificio, o sacro oficio), y sus movimientos son limitados. Dentro de la mística del juego, la finalidad del peón es liberarse de la rueda de encarnaciones, o sámsara, y alcanzar el terreno enemigo, al otro lado del tablero, adoptando allí una nueva forma o categoría para regresar a la contienda purificado. El sacrificio del peón es ritual, es como el bodhisattva, o acto de renunciar al nirvana hasta que todos sus semejantes sean liberados.

Los árabes tradujeron por alfil la pieza que representaba al elefante que, en Europa, pasó a llamarse flor, o bufón (Francia); slom, o elefante (Rusia); bishop, u obispo (Inglaterra). Alfonso X El Sabio, en su Libro del Ajedrez, representaba a estas figuras como elefantes que sostenían sobre sus lomos una torre con arquero. El elefante es el dios Ganesha de la sabiduría, o Krishna en China, y, como hemos visto antes, Hermes o Mercurio en Grecia. Entre los amonios (antiguo pueblo que habitaban en la zona del oasis de Siwa, en el oeste de Egipto) denominaban a un oráculo Alpha, o Alphi, palabra de dios, referido al buey Apis, que pasaron a ser los toros sagrados de Memphis y Heliópolis. Plutarco deriva la palabra buey, por la letra alpha de los fenicios, o el aleph del alefato judio, o la primera letra del abecedario islámico; el elaph, raíz de nuestro actual alfil.

El movimiento en L del caballo (dos casilleros en cualquiera de las cuatro direcciones del tablero, y uno a la derecha o izquierda) representa la unidad entre la dualidad de los opuestos, el principio hermético del ritmo. Musicalmente hablando, es un compás de métrica binaria, o de dos tiempos, donde se alternan pulsos fuertes o acentuados y pulsos débiles o átonos, en la cual uno de cada dos pulsos es fuerte. Se relaciona con el dios Poseidón, dios de los caballos, y simboliza el paso de las aguas, el paso de un estado a otro. En los rituales griegos, derivados de los hindúes, el sacrificio de un caballo era habitual, y los iniciados se recubrían con piel de caballo.

La función de la torre es delimitar diversos espacios del tablero puesto que su movimiento ocupa los cuatro vértices del casillero (90º x 4 = 360º). Desde el inicial, ocupando los cuatro vértices del tablero, afianzándolo como cuatro sólidos pilares, como los cuatro límites del mundo. Es el castillo interior del ser, fortaleza mágica capaz de proteger al Rey mediante enroques, o estados de ánimos que lo salvaguarden de los embates externos. Visto de cada lado del tablero, las torres son las dos columnas del templo masónico, representación de las dos columnas del Templo de Salomón, o las dos columnas de Hércules. Simbolizan las dos columnas del Árbol de la Vida Sefirótico, el Rigor y la Gracia, constitutivos de la Creación. Son las puertas de paso en el camino del conocimiento, auténticos pilares de Sabiduría, las construidas por Henoch que sobrevivió al diluvio. Las torres recuerdan al guerrero de la vida la obligación de cultivar las virtudes de la perseverancia, altruismo, moderación, meditación, concentración y compasión, para vencer en su lucha contra el mal.

Primitivamente, la función de la reina era la del consejero, o firzan, por la gran capacidad de movimiento que el asesor poseía. En el siglo XV, se cambia por el único elemento femenino del tablero, como Rey desdoblado en mujer. Si el Rey es la energía de la creación, la fuente de agua pura, desbordante e imperecedera, como Júpiter, progenitor de todos los dioses, amante de la vida y misericordioso Señor del mundo, la reina es la única con capacidad para expandir y transformar ese torrente de fuerza.

El rey es la figura principal, el alma del jugador, que trata de aprender a eludir los peligros de la vida, a enfrentarse a ellos con lealtad, coraje y hasta las últimas consecuencias. Sus cualidades más notables son la paciencia, la experiencia, la soledad y la sabiduría, que le permitirá huir del laberinto de los sentidos que acaba con el jaque-mate a la ilusión; es decir, con el acorralamiento y captura del rey. La corona que ostenta sobre su cabeza es la de Adam Kadmon, el hombre primordial, y tiene forma circular, como el cielo. Simboliza la posesión de la realeza interior que le permite gobernar con orden la voluntad Divina. La raíz simbólica de corona (k-r-n), es la misma que Kronos, cráneo, cuerno o Karn, palabra griega que significa “cima” o “cúspide”. Corresponde a Kether, la Unidad, la sefirah más elevada del Arbol Sefirótico.

Abraham Abulafia

Publicado marzo 21, 2014 por alvarengomez
Categorías: Sin categoría

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 9.3.2014

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Aunque pasó su juventud en Tudela (Navarra), este cabalista sefardí nació en Zaragoza, en el año 1240, y junto a Moisés de León, Giratill y Najmánides, promovieron la edad de oro de la Cábala. Su padre le enseñó la Biblia y sus comentarios, el Mishná y el Talmud.

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Viajó a Oriente Próximo y Palestina. Buscaba el mítico río Sambation, donde se decía residir las diez tribus perdidas de Israel. De regreso a Europa, vivió en Grecia, Italia y Barcelona, donde estudió la Cábala con Baruj Togarmi, autor de Las claves para la Cábala.

En la capital catalana tuvo una experiencia mística y profética acerca de Dios. Por esta razón, viajó a Roma para entrevistarse con el papa Nicolás III, que Dante situó en el infierno de los simoníacos, en su Divina Comedia.

Las profecías de san Malaquías se refieren a este papa como Rosa Composita (rosa compuesta), porque le llamabn el compuesto y por la rosa que aparece en su escudo de armas. Abulafia pretendía presentarse ante el papa como el esperado Mesías y esperaba convertirlo al judaísmo. Sin embargo, el intento fracasó porque el papa murió la noche antes de la llegada de Abulafia. Por este motivo fue apresado y retenido durante veintiocho días en el Colegio de los Franciscanos.

La filosofía de Abulafia coincide con la de Maimónides en que el conocimiento metafísico es necesario para asegurar la supervivencia tras la muerte, de acuerdo con las gnosis tradicionales y la Cábala (Guía de los perplejos).

Para Abulafia, estamos sellados, anudados o trabados, y propone tres procedimientos para deshacer las trabas: Gematría, Notaricon y Temurah. A partir de la Gematría, o el arte de hallar correspondencias entre palabras cuyos valores numéricos (la suma de sus letras hebreas constitutivas) sean idénticos, Abulafia desarrolla un método nuevo, Tseruf, a fin de deshacer cada nudo (kesher).

El objetivo del Tseruf es liberar al alma de las imágenes mentales que la mantienen sometida al mundo inferior, impidiéndole retornar a su origen, que es uno, sin ninguna dualidad y que comprende la multiplicidad.

La percepción del mundo, por el contrario, llena e impregna el espíritu del ser humano en una multiplicidad de formas y de imágenes perceptibles. Como el espíritu percibe toda clase de objetos naturales groseros y hace entrar esas imágenes en la conciencia, él crea, en razón de su función natural, un cierto modo de existencia que lleva la marca de su finitud. En este estado, el alma encuentra extremadamente difícil percibir la existencia de las formas espirituales y de las cosas divinas.

Es como decir que quien está lleno de sí mismo no tiene ningún lugar para Dios, que coincide con el pensamiento de otros místicos cristianos, como santa Teresa de Jesús, cuando dice: Muero porque no muero. Santa Teresa de Lisieux lo dice de otro modo: Sólo Jesús es, todo lo demás no es. Coincidente con el Evangelio de Marcos (8:34): Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y cargue con su cruz, y sígame.

Abulafia aplica una combinatoria de letras para transformar las palabras que luego estudia, medita y practica. Por ejemplo, en las palabras Unidad (Ehad, de valor numérico 13) y Amor (Ahabah, también de valor numérico, también 13), llega a la conclusión de que la Unidad de Dios es idéntica a su Amor. Es decir, que el Amor está implícito en la afirmación de la Unidad divina.

Otro ejemplo de análisis mediante Tseruf sería comparar las palabras Nada y Yo. La palabra Nada (ayin), formada por las letras hebreas alef, yod y nun, están contenidas también en la palabra Yo (ani), alef, nun, yod. La nada y el yo es el mismo concepto.

Para llegar al yo íntimo, hay que alcanzar la nada. La lengua sagrada, y no sólo la hebrea, es un vehículo del Conocimiento, que lo manifiesta y lo simboliza. Por eso, centra el objetivo de su estudio y meditación en el alfabeto sagrado, a fin de desarrollar el proceso interior. Esta doctrina que se encuentra implícita en la Torá se explica mediante el método de permutación de letras descrito por Abulafia.

A semejanza con los siete sellos del libro de la vida cristiano, Abulafia describe siete etapas o grados de conocimiento de la Torah, desde la investigación acerca del sentido literal de la palabra hasta la fase de la profecía.

En cuanto a la séptima vía, escribe en su obra Las siete vías de la Torah, es única en su género y contiene todas las demás: ella es el lugar por excelencia de lo sagrado y engloba las otras; aquél que la penetra percibe el Logos divino (la Palabra) que, surgido del Intelecto Agente, viene a afectar la facultad racional del hombre. Este Logos, en efecto, es una sobreabundancia del Nombre (bendito sea) que, pasando por el intermediario del Intelecto Agente, llega a la facultad racional (…) No es posible transmitir el conocimiento del Nombre de 42 letras y del Nombre de 72 letras a aquél que desea adquirirlo si no es de viva voz, ni de comunicar ninguna tradición de otro modo al respecto, cuando no se tratara más que de principios de base.

En su residencia definitiva en Grecia e Italia, Abulafia dirigió numerosos grupos cabalistas que, como Ramón Llull, influyeron en la gestación de la Cábala Cristiana promovida por Pico de la Mirándola y Juan Reuchlin a finales del siglo XV.

En el número 5 de la revista Letra y espíritu, aparece un fragmento traducido de Las siete vías de la Torá. Para quienes deseen profundizar sobre la filosofía de Abulafia deberían leer a Gershom Scholem que lo cita en varias de sus obras. Lo hace en Desarrollo histórico e ideas básicas de la Cábala, Ed. Riopiedras, Barcelona, 1994; Las grandes tendencias de la mística judía, Ed. Fondo de cultura económica, México, 1996; oConceptos básicos del judaísmo, Ed. Trotta, Madrid, 1998.

El rostro de Jesús de Galilea

Publicado marzo 21, 2014 por alvarengomez
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© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 23.2.2014

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La Iglesia ha tenido la habilidad histórica de mostrarnos un rostro de Jesús, el Hijo del Hombre, el Rey de Reyes, que distorsiona la realidad histórica. Las escasas fuentes que refieren la vida de Jesús no lo describen físicamente. El Jesús maduro que murió en Jerusalén brutalmente torturado por los romanos no era alto, rubio y con ojos azules. Ni siquiera era atlético y de anchas espaldas, como nos lo muestran las estampas, cuadros y, últimamente, las películas sagradas.

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La idea distorsionada que tenemos de él, alto, guapo, de mirada serena, con barba partida, se copió del Sagrado Corazón de esculpido por el danés Thorvaldsen para la iglesia de Nuestra Señora de Copenhague, pero no es creíble que este Jesús nórdico reproduzca el aspecto de nuestro humilde carpintero galileo del siglo I.

Según un estudio antropométrico realizado por un equipo de la BBC y Discovery Channel, tras analizar calaveras de judíos compatriotas y coetáneos del Salvador, con la ayuda del forense Richard Neave (Universidad de Manchester), reputado especialista en reconstrucciones faciales, Jesucristo no sería muy alto, de tez morena, ojos melados, pelo corto y rizado, barba recortada y bigote.

A esta descripción responden la media de los habitantes del medio oriente del siglo I, originarios de la misma zona en la que debemos suponer que vivió el Mesías (y estamos suponiendo que que Jesucristo lo fuera).

Si acudimos al socorrido Antiguo Testamento en busca de testimonios de los profetas sobre el físico del futuro Mesías no aclaran nada. Más bien, se contradicen. Es el viejo truco bíblico de cubrir todas las posibles alternativas para acertar siempre.

Por una parte nos lo describen guapo: Eres la más hermosa de las personas, (Sal 44, 3). Por otra, más feo que Picio. No tenía apariencia ni presencia, y no tenía aspecto que pudiésemos estimar, (Is 53, 2).

Insistiendo en lo mismo, el mártir Justino describe a Jesús como deforme y de aspecto penoso (aeidouz). Clemente Alejandrino asegura que era feo (oyin aiscron). Tertuliano que no era siquiera de forma verdaderamente humana (nec humanae honestatis corpus fuit). San Irineo lo describe como informus, inglorius, indecorus.

Orígenes, simplemente lo describe como pequeño y desgarbado. Opinión que coincide con la de san Teodoro, san Cipriano, san Cirilo de Alejandría y san Basilio. Todos afirman que no excedía los 1,35 metros de altura, o sea un redrojo en las lindes de la enanez, un desperdicio humano que, además, de acuerdo con san Agustín, sería hasta deforme: La deformidad de Cristo os forma. Su deformidad es nuestra belleza. Algunos aseveran, incluso que padecía, o sufría una cierta variedad de lepra.

Estas son referencias de autores cristianos. Si recurriéramos a los paganos, enemigos del cristianismo, constataríamos que el juicio difiere poco. Ninguno le dedica lindezas ni lo tiene por guapo. El más influyente de ellos, Celso, filósofo griego del siglo II, lo describe como bajito, feo e innoble.

Esta tradición del Jesús feo y deforme se suaviza en siglos sucesivos a medida que crece la certeza dogmática en que era Dios encarnado. En el año 710, el cretense Andrés, describe un supuesto retrato fidedigno de Jesús pintado por el evangelista Lucas en términos no tan desfavorables: aunque es cejijunto (sunojrun) tiene los ojos bonitos, el rostro alargado y es alto aunque algo chepudo (epicujon).

Poco a poco van haciéndolo guapo, pero en la estatura hay menos acuerdo. El monje de Constantinopla Epifanio (hacia el año 800) indica que Jesús medía seis pies de altura (unos 175 cm), pero la Carta Sinodal de los Obispos de Oriente (839) afirma que no excedía los tres codos (unos 135 cm).

El aspecto físico de Jesús no le hacían diferente a sus discípulos. Con probabilidad, Dios-Padre hubiera enviado a Dios-Hijo y le hubiera obligado a adoptar un aspecto diferente al del resto de coetáneos. No existen testimonios que lo avalen.

Todo lo contrario, porque si hubiera sido sencillo diferenciarlo, la guardia del Sanedrín, encargada de arrestarlo, no hubiera necesitado de la ayuda de Judas para señalarlo con un beso. Mateo 26, 47-56 / Lucas 22, 47-53 / Juan 18, 2-11. Jesús estaba hablando todavía, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado esta señal: Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo y llévenlo bien custodiado. Apenas llegó, se le acercó y le dijo: Rabí, y lo besó. 

El mito de Jesús con melena es falso. No tiene melena, sino el cabello recortado. Si hubiera alguna posibilidad de que llevara el cabello largo, san Pablo no hubiera escrito lo siguiente: ¿No os enseña la misma naturaleza que es una afrenta para el hombre la caballera, mientras es una gloria para la mujer la caballera? (Corintios 11, 14-15).

Otros investigadores afirman que Jesucristo, conocido como Yeshúa HaNotzri, Jesús el Nazareno o Nazarita, y no porque fuera de Nazaret, cuya población no existía en la fecha de su venida, sino porque había tomado los votos de la secta de los nazarenos, o nazaritas, a la que pertenecía su primo Juan el Bautista.

Sus seguidores no bebían vino y jamás se cortaban los cabellos (como Sansón). En Mateo XI, 18-19, sin embargo, se dice: Porque vino Juan (el Bautista), que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores. Lo que demuestra que no era nazarita y, por tanto, podía cortarse el cabello.

Lo que parece del todo irrelevante son las polémicas vacuas que lanzan los llamadossindonólogos que, basándonos en una reliquia en la que se ha demostrado no ser de la época, afirman conocer la verdadera apariencia de Jesús. El resultado: la impronta no deformada sino grotesca de un cuerpo de casi dos metros de altura, con melena y larga barba (cada vez que lo miro más se me parece a Leonardo da Vinci, ustedes perdonen).

La mancha, además, no es el resultado de envolver un cuerpo ensangrentado, sino frontal y lisa, como una fotografía. Además, la penúltima prueba realizada en los laboratorios del radiocarbono que analizaron el tejido, concluyeron que se trata de un lienzo del siglo XIV, o sea que es falso como un euro de corcho.

No obstante este veredicto de la ciencia, inapelable, los sindonólogos siguen afirmando, erre que erre, en la autenticidad del objeto. Pero, podría esperarse que Dios, en su omnipotencia, pudiera permitir que un cadáver del siglo I, el de su Segunda Persona, fuera envuelto en una sábana del siglo XIV. Por qué no…

Ese minúsculo lapso de tiempo, catorce siglos, apenas un milenio y pico, comparado con el abismo de la eternidad, es apenas una milésima de segundo. Nada para Dios. Por lo tanto aceptemos, como hacen los sindonólogos, que en el siglo I envolvieron un cadáver con un lienzo del siglo XIV y que, a partir de esa marca, reconozcamos el verdadero rostro de Cristo.

¿Cómo armonizar ese Jesús nada agraciado con su condición de Hijo de Dios? San Isidoro nos brinda una justificación teológica de la fealdad de Jesús. Era feo, escribe, porque ocultó la condición de maestro para revestir la del esclavo. Según parece, para el arzobispo santo, copatrono de Sevilla, los ricos son guapos y los pobres feos. Quizá no vaya del todo descaminado.

Vimanas indias

Publicado marzo 21, 2014 por alvarengomez
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© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital  9.2.2014

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Escribir sobre las vimanas es hacerlo de uno de los grandes misterios de la antigua civilización India, donde parecen haber existido fantásticas naves espaciales que ni la gran tecnología moderna puede explicar. Vimana es el nombre mítico de un vehículo volador con métodos de propulsión inimaginables para la época en que fueron descritos.

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El descubrimiento de los textos en hindi que hablan de estas máquinas antigravitatorias es reciente, de 1908, localizado en la Biblioteca Rajakiya de sánscrito, en Baroda, con el título de Brihad Vimana Shastra, la gran escritura de las naves.

El texto es de G.R. Josyer, que lo transcribió al dictado del místico Subbaraya Shastry, que viajaba por la India escribiendo versos en sánscritos. En la traducción al inglés se agregaron ilustraciones de un dibujante técnico, T.K. Ellappa, en 1959.

Durante una conferencia de prensa, el propio Josyer mostró manuscritos de miles de años de antigüedad que hacían referencia a lo que había oído del profeta algunos años antes. Estos manuscritos antiguos eran tan increíbles que describían los secretos para construir aeroplanos irrompibles e ignífugos; cómo inmovilizar aeroplanos enemigos; cómo volverlos invisibles; cómo oír conversaciones y otros sonidos; los procedimientos para tomar fotografías (sí, fotografías) del interior de otras aeronaves; cómo descubrir la dirección desde donde proceden las aeronaves enemigas; provocar desmayos en los pilotos; o cómo destruir aeroplanos enemigos.

Dividido en capítulos, en el primero se menciona al piloto, sus conocimientos y entrenamiento para vocalizar correctamente determinados mantras o sonidos de poder. En el segundo y tercero se mencionan metales, espejos parabólicos para concentrar radiaciones solares y lentes para neutralizar tres clases de fuerzas destructivas.

En el cuarto capítulo se habla de las siete fuentes de energía que utilizan: fuego, tierra, aire, Sol, Luna, agua y cielo. En el quinto, se habla de motores o yantras de vórtice de mercurio. Estos motores utilizan vapores de mercurio en ebullición que describen una trayectoria helicoidal, lo que materializa un vórtice o remolino de configuración muy especial. Estos vapores se condensan y recuperan en circuito cerrado.

El funcionamiento, por tanto, es muy parecido al caduceo con dos serpientes enrolladas alrededor de una vara y una esfera con alas en su parte superior que, por cierto, se asemeja mucho al símbolo alquímico del mercurio.

Las antiguas máquinas voladoras han sido por mucho tiempo una tradición de varias culturas en todo el mundo. Entre los jeroglíficos sobre la pared de un templo egipcio de 3.000 años de antigüedad, en Abydos, hay representaciones de lo que parecen ser aviones modernos y helicópteros.

Discos de piedra acanalados encontrados en cuevas en la frontera chino-tibetana, dan cuenta de una raza extraterrestre llamada los Dropas, cuya nave espacial dicen que llegó a la Tierra hace 12.000 años. Los indios Hopi, que han habitado tres grandes colinas del norte de Arizona durante más de mil años, afirman que sus antepasados fueron visitados por seres venidos quizás de Orión que se desplazaban en escudos volantes, paatuwvota, y dominaban el arte de cortar y transportar enormes bloques de piedra. Estos extraterrestres le enseñaron a construir túneles e instalaciones subterráneas.

En una alocución ante las Naciones Unidas, Thomas Banyacya, del clan Hopi Coyot, dijo que el pueblo indio inventó muchas máquinas y comodidades de alta tecnología, algunas de las cuales no se han visto todavía en esta era.

No es la primera vez que hallamos civilizaciones que juzgamos como atrasadas o prehistóricas, que hablan de mundos anteriores al nuestro. Estos indios hopi afirman que, anterior al nuestro, hubo tres. El primero, sucumbió por el fuego, el segundo por el hielo y el tercero por el agua. Actualmente vivimos en el cuarto.

Demonios interiores

Publicado marzo 21, 2014 por alvarengomez
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© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 24.1.2014

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El arte de la Brujería, o Ars Goetia, como se dice en latín, se denomina a la primera sección del grimonio Lemegeton Clavicula Salomonis, o la Llave Menor de Salomón, aparecido en el siglo XVII, o anterior. Contiene las descripciones de los 72 demonios que el Rey Salomón era capaz de evocar y confinar en un recipiente de bronce que sellaba mediante símbolos mágicos, y los obligaba a trabajar para él.

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En el Ars Goetia se muestran las instrucciones para construir este contenedor de demonios, y a utilizar las fórmulas mágicas apropiadas para llamar seguramente a esos demonios. La operación dada es compleja, e incluye muchos detalles. Es desaconsejable la lectura a personas ajenas al arte de la Magia.

Se cree que el rimbombante título se refiere a los conjuros hechos por el mago extrovertido, o que realiza sus encantamientos hacia afuera. El Ars Goetia difiere de otros textos goéticos en que las entidades convocadas deben ser forzadas a obedecer, antes de pedir sus favores; incluso de una copia a otra, los nombres de los demonios difieren y reciben diferentes grafías o firmas por las que tienen que pagar lealtad.

A estas grafías se le llaman sellos, y existen tantos como libros goéticos hay en el mundo. Algunos, muy reputados, como Steganographia de Trithemius, editado hacia el año 1500, el Pseudomonarchia Daemonum de Johann Weyer, o De Praestigiis Daemonum, de 1563.

Los Magos introspectivos no necesitan recurrir a estos aliados infernales que, de existir ciertamente, tendrán que viajar a través del universo conocido o desconocido. Según ellos, los demonios más peligrosos se encuentran en el interior de los seres humanos.

Estos demonios interiores son capaces de torturar tanto a los Arquitectos de la Voluntad como a los más hábiles Magos, porque poseen la capacidad de jugar con la mente y la ilusión. Los Magos introspectivos se vuelven más poderosos al luchar contra sus debilidades y defectos.

Estos análisis introspectivos no están exentos de ciertos riesgos y no son fáciles ni placenteros. Se alimentan de las depresiones, de las esquizofrenias y paranoias. Celos irracionales, venganzas ciegas, deseos incumplidos, emociones reprimidas, deseos de hacer el mal, odios y, sobre todo, de afanes desmedidos de egoísmo y egolatría. El Mago introspectivo pierde control de esas fuerzas negativas a medida que se convierte en un enfermo depresivo y paranoico, muy peligroso.

Pero, ¿existen realmente estos demonios interiores? Los expertos en ciencias ocultas creen que sí, que poseen dos espacios vitales de influencias: el temenos, o inconsciencia colectiva, y el oneiros, o espacio onírico del Mago, donde adoptan el aspecto físico del mago, como si fuera su doble que ha recogido su lado más oscuro y desequilibrante, autodestructivo y salvaje.

Los psiquiatras, en cambio, tratan a diario en sus consultas a estos falsos Magos, tantos los extravertidos como los introvertidos. No difieren mucho de un enfermo con fuertes ataques esquizoides.