Quinta carta al alcalde de Sevilla

© Álvaro Rendón Gómez,  agosto 2010

Excmo. Señor Alcalde de Sevilla: Hoy tengo la cabeza llena de preguntas que no encuentran respuestas. Me angustia saber que, por ejemplo, en todo este asunto de la vida en libertad que, se supone, nos trajo la democracia, sólo la disfrutan políticos, putas, maleantes y esos rumanos que han invadido nuestra ciudad. Es una democracia falaz, llena de patrañas y cuentos que muchos infelices aún la respetamos. Lo habéis acaparado todo, como en la  época del totalitarismo más voraz. Denunciáis lo que os interesa y controláis a los que no pagan, haciendo la vista gorda a los de vuestra cuerda que roban para el partido o para la partida de gente sin escrúpulos que no sirven ni para llevar el traje de Emidio Tucci sacado de gañote al Corte Inglés.

¡Vaya pandilla de manirrotos y corsarios!

Gente más interesada en llevar el agua de los votos al molino de la poltrona que la sostiene que en el bien de la ciudad o de la ciudadanía. Gastos suntuarios, plazas de basura que no duran ni tres meses en volverse a levantar para adecentar, farolas de diseño que al menor golpe se doblan o no encienden.

¡Vaya democracia de mierda que nos habéis procurado! ¿Creéis que la Democracia es organizar una votación cada cuatro años y después olvidaros de lo que se ha votado? ¿Quién controla que los programas se cumplan? Y no me refiero sólo a la democracia local. Ahí están los ejemplos que da ese señor que cuando habla sube el paro, o de nuestro bendito presidente autonómico, más empeñado en agrisar la labor de su predecesor que en cortar el despilfarro de tantas secretarias y sub-sub-sub-secretarías central

Toda la Administración está invadida como en el circo, de enanos y de enanas que sólo corretean sin hacer ningún numerito, siquiera gracioso. Esas ventanillas y despachos vacíos porque los señores que deberían estar trabajando a las nueve, a las diez o a las once, están de cháchara en el bar. Desayunando, dicen. Y, como no hay trabajo para todos, se cuadruplica el papeleo, se obliga a volver al ciudadano seis veces porque olvidan no se orienta bien acerca de las instancias, certificados o fotocopias compulsadas que deben acompañar esa determinada gestión. Lo habéis complicado todo con tanto arreglar lo que funcionaba bien, lo que quedaba demasiado claro y se corría el peligro de que el ciudadano se percatara del gran error del RE-CAMBIO.

Nos equivocamos. Esto no es Democracia. Esto es igual que la democracia orgánica de Franco, de senadores que no representaban a nadie. Porque, ¿a quiénes representáis vosotros, hombres de listas cerradas, gente de partido, manada de estómagos agradecidos que pacen en los despachos como vacas sagradas de un sistema que despista al ciudadano? Explíqueme dónde está la diferencia entre votar estas listas cerradas de partidos y votar entonces a las listas cerradas de Falangistas, Opus Dei o de qué otro grupo presión, si hacéis exactamente lo mismo: Nada. Buen, nada no, que algo hacéis: empeorar y complicar la vida del ciudadano autorizando  escandalosas subidas en la contribución, la luz (otro día hablamos de la luz, de los limitadores y de la energía nuclear que compramos a otros países porque no se le puede llevar la contraria a los ecologistas, porque podrían alteraros las calles), agua (¡que la pagamos a precio de oro!), alcantarillado, transporte, asistencia social, salud, farmacia…; y a un costo infinitamente más elevado que entonces donde las habas estaban contadas. Ahora necesitáis a muchísimos más para hacer muchísimo menos.

¿De qué nos valen esas Cámaras locales, provinciales, autonómicas y nacional, que parecen  salones de Casino de pueblo con la gente bien comida y bebida leyendo el periódico, hablando por teléfono, ausentes en la siesta del carnero (que dicen que es la de media mañana), o hablando del sexo de los ángeles en esos debates donde se faltan a respeto entre ellos? Abran las listas electorales para seamos nosotros, el pueblo, quiénes elijamos a quien nos represente por encima de la disciplina de partido; no que parece que sea el partido quien le paga los sueldazos que cobran.
Ya ve usted, hoy no me siento muy demócrata viendo cómo la sociedad se degrada y la gente se arruina, sube el paro y los políticos seguís con lo de siempre: defendiendo la parcela de ese poder propio al que llamáis, eufemísticamente, poder público (¿dónde está lo público?, ¡a la hora de pagar…!)
Hoy lo veo todo negro, a pesar de que la selección nacional de fútbol es Campeona del Mundo.

Fíjese lo raro que soy…

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