Marcas de cantero. Tercera parte

Estudio de las marcas

© Álvaro Rendón Gómez. abril de 2013

 

El estudio de las marcas es reciente, debido a que la mayoría de los edificios medievales se encalaban una vez construidos, por lo que las marcas de cantería quedaron tapadas por una buena capa de pintura. Las marcas interesan a partir de la primera mitad el siglo XIX, con los primeros estudios sobre Arquitectura Románica y Gótica. El primer interesado fue Mr. Lyon que descubrió en el Minute Book de la Logia de Edimburgo la relación de las marcas que aparecían grabadas en algunos sillares con los canteros. Le llamó la atención el abundante número de figuras geométricas (ángulos, curvas, Círculos…); un segundo grupo lo integraban números y letras; y, un tercer apartado, para los símbolos universales como el pentalfa de Pitágoras, los sellos de David y de Salomón, estrellas de seis puntas, esvástica, vesícula piscis, etc.

Godwin en 1841 informaba a la Society of Antiquaries mediante una nota en la revista Archeologia sobre la existencias de esas marcas en Inglaterra y el Sessional Papers nº 9 (1868-1869) del Royal Institute of British Architects incluye ejemplos de marcas.

Victor Didron en Signes lapidaires du Moyen Age, Annales Archeologiques, vol. III, 1845 y Viollet-le-Duc en Dictionnaire raisonné de l’architecture française du XIe au XV Ie siècle (1854-68) catalogaban como firmas de canteros «aquellas signaturas personales de canteros, aparejadores y maestros de obra que sirven para señalar el trabajo realizado y determinar así el estipendio que debían recibir». Es la hipótesis más aceptada y la que ha creado una opinión generalizada de que se tratan de marcas de propiedad, utilizadas por las agrupaciones de oficios artesanos como método de contabilidad. Ocupan determinadas posiciones y orientan el albañil para colocar la piedra la posición indicada por el maestro. Por deducción, también permitían identificar las logias, gremios y talleres en la Edad Media.

Vicente Lampérez y Romea (1861-1923), uno de los primeros historiadores españoles en estudiarlas en su Historia de la Arquitectura Cristiana Española en la Edad Media, asegura que utilizan alfabetos caldeos de naturaleza mágica y, en cualquiera de los casos, esotéricos; que se utilizaban para asentar los sillares; que indicaban, además del nombre (en forma de inicial o monograma), sus creencias o devociones (un objeto simbólico o alegórico), su estado social o profesional, pasada o presente (un signo de esclavitud o un útil) o la época en la que se labró la obra (un signo astrológico, etc.). Nada más lejos de la realidad.

En 1880 se editó en Viena Études sur les marques de tailleurs de pierre, de Frank Rziha basado en el análisis de más de diez mil marcas de cantería. Afirmaba que, según la estructura utilizada en el diseño de la marca se podía asegurar la pertenencia del maestro a una de las cuatro Grandes Logias de la antigua Bauhütte del Sacro Imperio Germánico.

En su Compendio de Arqueología de la Edad Media (1923), J.A.Brutails cuenta que el diseño simple y sencillo de la marca indicaban la forma y orden en que debían colocarse los bloques.

• Las redes de Franz Rziha

Las cuatro retículas propuestas por el genial austríaco, en realidad, son dos: Ad Cuadratum y Ad Triangulum. Analicémoslas.

1. Retícula ad cuadratum, que la hace corresponder a la Gran Logia de Estrasburgo, parte de un Círculo orientado (dividido, primero, en cuatro partes mediante el concurso de dos diámetros perpendiculares entre sí, y después, halladas las bisectrices a los primeros).

ilustr3.1-Rziha

De este modo, se pueden trazar dos Cuadrados girados 45º; o, lo que es lo mismo, un octógono regular estrellado discontinuo. La retícula se completa dividiendo estos cuadrados en 72 partes cada uno, [ilustración 1.1(A)]. ¿Tiene alguna relación esta cifra con el Gadu francmasónico y los nombres de dios?

2. Cuatrilobular, o variante de la anterior, emplea los puntos de intersección de las divisiones mayores como centros de Círculos tangentes a los lados de los mismos, hasta conformar una flor que muchos seguidores de la Geometría Sagrada no han dudado en reconocer como “la” Flor de la vida, [ilustración 1.1(B)]

Esta retícula fue utilizada por la Gran Logia de Viena

3. Ad triangulum, que parte de un hexágono estrellado inscrito en un Círculo. Mediante divisiones sucesivas de los Triángulos equiláteros superpuestos se forma la recula triangular, con las que se diferenciaban las marcas de la Gran Logia de Colonia, del resto, [ilustración 1.1(C)]

4. Trilobular o variante de la triangular. Se obtiene trazando Círculos circunscritos a los Triángulos equiláteros mayores. Retícula empleada por la Gran Logia de Bohemia (Praga) [Ilustración 1.1(D)]

Demostraremos que los trabajos de Rziha fueron investigaciones propias que pretendía preservar históricamente una parte del patrimonio cultural de la Bauhütte, una asociación de constructores que argumentan provenir de antiguas Logias medievales. El error de Rziha, como el mío, fue considerar “todas” las marcas como susceptibles de geometrización y, por ello, de provenir de una retícula geométrica.

No deseamos ser más patriotas que nadie pero, las conclusiones de Rziha pueden ser ciertas al aplicarlas sobre marcas centroeuropeas, pero no para las grabadas y halladas en edificios españoles.

• Hipótesis alternativa a las redes de Rhiza

Cometí un error al considerar que todas las marcas susceptibles de análisis geométrico y, lo que es más grave, que correspondían a estructuras geométricas del tipo reticular. En este articulo quiero demostrar que estos errores son muy comunes entre los investigadores de marcas. Es cierto que estamos condicionados por un exceso de celo y vemos lo que queremos ver. Además, hay un dicho que en este tipo de investigaciones se da con bastante cotidianidad y es que “el papel lo admite todo”. Esto viene a colación por nuestro interés en someter al papel a coincidencias que en la mayoría de los casos no son más que errores en la transcripción, en el modo en que colocamos la cámara al hacer la fotografía y nuestros propios errores de comprensión geométrica. Y es que ni todos los signos lapidarios son marcas, en el sentido de poseer una “ley de formación interna del tipo geométrico”, ni todas las marcas fueron confeccionadas con el rigor que luego aplicamos a su análisis geométrico. Entonces, ¿dónde está el límite del ángulo correcto, de la proporción que el cantero ha querido darle, al sentido que debemos darle nosotros…? En resumen, ¿cómo debemos actuar cuando nos encontramos con marcas “muy parecidas” cuyos análisis demuestran que son diferentes? ¿Cuál es la que debemos entender como arquetípica?

Por otro lado, y aun cuando me he esforzado en superponer las fotografías de marca sobre los modelos aceptados de Rziha, y he comprobado que en ocasiones una misma marca se ajustaba a dos, e incluso a tres retículas, me he visto obligado a aplicar criterios racionales para solucionar la paradoja. Es muy probable que estos criterios fueran muy parecidos a los que aplicaba el mismo maestro para concebir “su” marca de identidad. Si esto es así, o no, jamás lo sabremos. Pero, después de aplicarlos en muchas marcas se puede concluir que las redes no son el punto de partida, como aseguraba Franz Rziha, sino la consecuencia de respetar unas normas formativas impuestas por la Hermandad que, como se sabe, eran básicamente tres:

• La marca de identidad debía quedar contenida en un Círculo primordial.

• Debían trazarse según ciertos criterios de la geometría clásica (empleando regla y compás).

• Alguna aparte de la marca debía contener al centro de la Circunferencia.

¿Las marcas analizadas por Rziha empleando una de sus famosas redes cumplen estas normas impuestas por el gremio? La mayoría de ellas respetan estas normas.

Durante mis primeros análisis me dejé influir en las conclusiones de Franz Rziha; pues, al analizar las cuadrículas propuestas por el eminente vienés, descubrí que eran deducciones también interesadas de marcas catalogadas de centroeuropa.

Entonces, ¿cuál debía ser el método de análisis más apropiado?

• Análisis geométrico de marcas

La labor de los cazadores de marcas, cuando es completa, facilita el trabajo de clasificación de las mismas y potencia el trabajo en equipo, con el fin de fichar el mayor número de marcas posibles. Esta documentación, disponible para cualquier investigador debe servir para descubrir su significación y posibles funciones. De este modo, enriquecer el conocimiento de nuestro basto patrimonio cultural.

Una parte importante de estos datos lo constituyen las imágenes; de entre ellas, la fotografía bien enfocada, con el eje del objetivo perpendicular al muro y suficientemente iluminada que permita al analista redibujar las líneas constructivas y, en consecuencia, encontrar su patrón geométrico.

Validar el método seguido por el cantero para marcar los sillares nos brindará la oportunidad de proponer algunas hipótesis sobre la funcionalidad de las mismas. Puesto que las formas utilizadas son esquemáticas, con una estructura geométrica que respeta, o no, un modelo básico de red (triangular, cuadrangular o circular), el método más apropiado para este análisis previo debe ser necesariamente geométrico. Esta es la conclusión que se desprende tras el análisis de más de trescientas marcas grabadas en los edificios sacros levantados entre los siglos XIII y XV; siguiendo estilos que van desde el románico al pre-gótico, gótico y proto–gótico. Una etapa en que la Cristiandad levantaba las más monumentales iglesias y catedrales de su historia con los rasgos comunes de su factura por procedimientos lapidarios (grabados o rayados con un cincel fino o puntero), lo que indica que debió existir una directriz que ordenaba tanto las formas como la ubicación de las marcas.

Como sabéis, desde hace un tiempo, hemos venido analizando geométricamente las más de quinientas marcas que teníamos registradas que, por otro lado, son insuficientes. Necesitamos muchas más para completar esta investigación apasionante. Para ello, empleamos un método de análisis inspirado en las redes estructurales propuestas por Franz Rhiza, con el resultado que podemos constatar en las páginas de SIGNO [http://www.signoslapidarios.org/inicio/].

Ilustr3.2

En la [ilustración 3.2] analizamos la construcción de la retícula Cuadrangular alternativa a la red Ad Cuadratum propuesta por Rhiza. Se parte del Círculo primordial, un Círculo orientado N-S/E-O y sus cuadrantes. Al unir alternativamente los extremos de los diámetros se obtienen dos Cuadrados girados 45º, o un Octógono estrellado discontinuo, [ilustración 3.2(A)]

Los nuevos Cuadrados girados se van concretando al unir los pies de medianas de los primeros, en una progresión denominada de Platón, [ilustración 3.2(B)]; parándose en el tercer cuadrado derecho.

Una vez obtenidos los tres pares de Cuadrados girados, se trazan horizontales y verticales por los puntos de medianas y los remates a 45º por las esquinas, [ilustración 3.2(C)], completándose la retícula cuadrangular que hemos empleado en el análisis de las marcas.

En la [ilustración 3.3] analizamos la construcción de la retícula Triangular alternativa a la red Ad Triangulum propuesta por Rhiza. Divídase el círculo primordial en seis partes iguales por concurso de los arcos de Circunferencia de centros respectivos los extremos del diámetro vertical N-S, y únanse estas divisiones mediante diámetros y cuerdas, hasta concretar el Hexágono regular estrellado de partida, [ilustración 3.3(A)].

Ilustr3.3

Trácense los hexágonos regulares estrellados interiores posibles al primordial, deteniéndonos en el par de polígonos siguientes, [ilustración 3.3(B)].

Prolónguense los lados y radios de estos Polígonos estrellados inscritos hasta el límite del primer Hexágono regular [ilustración 33(C)], produciéndose una retícula de líneas horizontales, verticales y oblicuas a 60º y 120º, [ilustración 3.3(D)].

En la [ilustración 3.4] analizamos la retícula Circular alternativa a las redes Trilobular y Cuadrilobular propuestas por Rhiza. Divídase el círculo primordial en doce partes iguales por concurso de los arcos de Circunferencia de centros respectivos los extremos de los diámetros vertical N-S y horizontal E-O y únanse estas divisiones mediante diámetros, [ilustración 3.4(A)].

Ilustr3.4

Estas divisiones se unirán de dos modos: Como Triángulos Equiláteros, seis en total, que concretan tres Hexágonos regulares estrellados, cuyos lados cortan a los diámetros anteriores en puntos-centros de los Círculos de la retícula, [ilustración 3.4(B)]. Como Cuadrados, tres en total, que concretan un Dodecágono regular estrellado de segunda categoría, [ilustración 3.4(C)].

Trácense, finalmente, doce Circunferencias interiores tangentes al Círculo primordial, que concretarán la retícula circular, alternativa a las propuestas por Rhiza, [ilustración 3.4(D)]

En la [ilustración 3.5] este análisis se aplicó a la marca catalogada en Signo/1709, (análisis 16320), grabada en la Catedral de Tortosa y que representa un crismón simple en la parte inferior y una cruz latina en la parte superior, enlazadas ambas mediante una línea vertical común.

Ilustr3.5

Como se recordará, para el análisis geométrico por el método de las redes se partía de una fotografía frontal de la marca; es decir, con el eje del objetivo perpendicular al plano del sillar. Importamos la fotografía desde un programa de dibujo digitalizado (Macromedia Freehand o Adobe Ilustrator) y pasamos a líneas las formas de la marca [ilustración 3.6(A) y (B)].

Ilustr3.6

Acto seguido, se superpone el dibujo a líneas a la retícula. Al comienzo, superponía el dibujo a los tres modelos para comprobar a cuál se adaptaba mejor. Era una operación de tanteo, completamente arbitraria. Luego, con el tiempo y la experiencia, desarrollé una intuición de carácter práctico que me hacía seleccionar el posible modelo sin superponerlo. El mayor número de coincidencias entre el modelo a línea y la retícula nos indicaría la idoneidad de una u otra red. A veces, son centros, otras veces, líneas, nodos o intersección de líneas, direcciones, etcétera). Si fuera necesario, aumentaba o disminuía proporcionalmente el dibujo hasta encajarlo al modelo de red. Este último paso es meramente estético pues lo que debe regir en la elección tanto del modelo como del tamaño es el mayor número de coincidencias [ilustración 3.6(C)].

Es probable que debamos corregir el dibujo a líneas, ajustándolo a la retícula; pues, la marca se confeccionó a mano alzada, cincelando un bloque de piedra. En esta fase, corregimos ángulos, alargamos líneas, acoplamos centros, etcétera, porque entendemos que lo grabado en el sillar no tiene que acomodarse exactamente al modelo teórico; sino que contienen variantes debidas a la ejecución, el desgaste de la piedra por las condiciones atmosféricas que han restado nitidez a la marca, etcétera. Además, se observa que las marcas grabadas son más estables que las simplemente rayadas con un buril.

Es de sentido común que el cantero busque una especie de simetría (axial o radial) en sus marcas. Por eso, más importante que la forma de la marca será buscar y señalar correctamente la ubicación de centros, nodos, relaciones de comienzo y fin de una línea, tangencias, enlaces, radios, o cualquier otra peculiaridad de trazado.

Y puesto que es difícil para el cazador de la marca fotografíar rigor las verticales del dibujo a plomada, el que realice el análisis geométrico de la marca debe averiguar esta vertical y añadir al análisis la variación en grados. Esto tiene una importancia relativa pues sabemos que la mayoría de las marcas se ejecutaban a pie de obra, sin tener en cuenta esta verticalidad; por tanto, este dato sólo aportará estética a nuestro análisis.

• Análisis inverso de marcas

A tenor de lo vista en los párrafos anteriores, nuestros nuevos análisis de marca iban encaminados a la simplicidad. Sinceramente, no nos podemos imaginar al cantero dibujando retículas y seleccionando segmentos y arcos en ella. El propio trabajo de picar y modelar la piedra, directo e intuitivo, nos aconsejaba aplicar un proceso de análisis más parejo.

Puede que este tipo de construcción por selección se haya utilizado en las Congregaciones y Hermandades de centroeuropa, más acostumbrados a la disciplina colectiva que los canteros vizcaínos, gallegos o castellanos, que viajaban libremente por la península ibérica, de obra en obra, y dejando su impronta n los sillares. Un grupo que, tal vez, en las pausas para tomar un refrigerio, resguardados bajo el toldo de lona o el solado de cañas, intercambiaban experiencias, métodos de trazados y maneras más sencillas de atacar la piedra. Tendrían sus chanzas y bromearían con los peones y aprendices por aspectos propios del oficio. Me imagino estas reuniones compartiendo un vino peleón, un buen trozo de tocino fresco donado por un parroquiano compasivo y planeando las faenas de la semana.

Aquellos hombres no adaptarían su fantasía a una cuadrícula. Más bien, el aprendiz despistaría el compás del compañero oficial y, sin que nadie lo viera, investigaría sobre su marca; pergeñaría rayones con más o menos idea, hasta ser sorprendidos por el jefe que, viendo el interés mostrado, le dará ligeras nociones de lo que el Tribunal le exigirá para acceder al grado de Compañero. Quiero mostrar con esta historia que la marca personal, la de identidad del cantero, era una marca deducida de un trazado que debía respetar las tres normas básicas de la Camaradería.

Ilustr3.7

Porqué entonces empeñarnos en un análisis por tanteo de la marca si lo que necesitamos es aplicar procesos de trazado geométrico válidos y que se utilizaban en aquella época, como el que proponemos a continuación. Obsérvese la limpieza de la [ilustración 3.7] donde se ha analizado la marca incluida en Signo/1709, (análisis 16320), grabada en la Catedral de Tortosa. De trazado sencillo y que cumple con las normas de la Cofradía: Está contenida en el Círculo primordial, contiene al centro del mismo y su construcción respeta escrupulosamente el trazado clásico de regla y compás. Un asunto más complejo resulta intuirlo… Para ello, se necesita un poco de experiencia geométrica y tener muy claro qué se busca.

Así, en la [ilustración 3.8] se muestran los pasos seguidos para llegar a la conclusión de la ilustración anterior. Comencemos redibujando la marca, empleando un buen programa de dibujo digital, [ilustración 3.8(A)]. Con este procedimiento, no es necesario reducir o ampliar el tamaño de la marca. Vale el mismo dibujo. Sí puedes, si lo deseas, busca la simetría de la marca, las verticales y horizontales básicas. En nuestro caso, emplearemos como vertical básica la misma prolongación de la vertical de la cruz latina; y como horizontal la línea que une los extremos superiores de la cruz griega, [ilustración 3.8(B)]. Obsérvese que en la fotografía de la marca “no son” horizontales, hay una pequeña diferencia. Por el principio de simplicidad la consideraremos horizontal.

Ilustr3.8

Ambas líneas se cortan en el centro de un Circulo, el primordial, que tendrá que contener a los extremos de la cruz griega. Y lo trazamos, [ilustración 3.8(C)]. Como no podía ser de otra manera, los Cuadrados inscritos de la progresión de Platón que hemos venido aplicando a las retículas básicas, contienen a la marca. Y he aquí la paradoja: Hemos llegado a un principio de retícula cuadrangular recurriendo a un trazado simple; de ahí nuestro despiste inicial.

Aún podemos concretar más el trazado, limitando los extremos de la cruz griega que, como se recordará, ya se habían delimitado con el Círculo primordial, y que los arcos de centros respectivos los extremos de los diámetros a 45º, pasan por los extremos mencionados antes, [ilustración 3.8(D)]

Anuncios

Marcas de Cantero. Cuarta parte

Clasificación de las marcas

@ Álvaro Rendón Gómez, Abril 2013

Cuando el investigador se acerca por primera vez a los signos lapidarios cree descubrir en ellos un lenguaje nuevo, contenedor de mensajes esotéricos. Si alguna vez en la Historia de las marcas esto fue así, no tendríamos la menor probabilidad de descifrarlos porque las claves se perdieron hace siglos. Y en el caso de desciframiento con qué podríamos contrastarlo. La salida que nos queda es la de especular sobre los poquísimos datos contrastados que tenemos, adoptar una actitud más creativa e intuitiva en su interpretación y trasladar nuestra mentalidad moderna a la del cantero medieval. Esta propuesta es difícil y, a la vez, arriesgada porque podría llevarnos a soluciones desconcertantes y sin valor. Necesitamos, por tanto, establecer límites a nuestra imaginación y dejar acotadas ciertas reglas básicas.

Uno de estos límites sería consensuar una clasificación que funcione en el mayor número de niveles de lectura. Pero, ¿cuáles serían esos niveles de lectura? Parece obvio que sea la morfología de la marca la que nos llegue antes. Después, a otro nivel, la misma forma sugiere un parecido con algo conocido: natural o abstracto. Por último, el significado de la forma evoca significantes de tipo simbólico que le añadiría

Tres serían los niveles de lectura: Nivel formal, nivel significativo o representativo y   nivel figurado o simbólico

• Nivel de lectura formal de una marca

La forma se define como la apariencia de las cosas, y a ella nos referimos cuando hablamos de esos aspectos superficiales diferenciadores de los seres y objetos de la entre sí.. Para captar la forma, el observador compara el percepto visual con los patrones (pattens) archivados en nuestra memoria e, instantáneamente, la reconoce; pero, esta respuesta correspondería a un segundo nivel de lectura.

La forma posee un valor representativo que el cantero utilizaba con muchos significados. Una línea quebrada, por ejemplo, podía representar a una serpiente, una regla articulada o algún tipo de acabado superficial de la piedra. Hoy, cuando vemos la misma línea quebrada, ¿sabríamos qué quiso expresar el cantero con esa forma? ¿Acertamos cuando insistimos en descubrir mensajes trascendentes en lo que podría ser un entretenimiento, un mero juego de señales cotidianos…?

Ilustr4.1

La mayoría de las marcas son dibujos esquemáticos confeccionados sobre estructuras o modelos geométricos, empleando la línea ejecutada con puntero, o rayadas, que tratan de captar la quintaesencia de los seres y objetos de la Naturaleza. Atendiendo sólo al aspecto formal la marca suele ser esquemática, definida por líneas que determinan perfiles, contornos y dintornos (lineas interiores que definen la forma interna); dispuestas geométricamente o como líneas libres. Esta podría ser una primera clasificación de marcas; aunque observamos que la marca no siempre aparece como un grabado ubicado en el centro del paramento (la cara visible del sillar), [ilustración 4.1], sino que se reparte en toda su superficie. ¿Responde la ubicación de la marca a algún planteamiento práctico? Hasta ahora, las marcas aparecen únicamente en dos de las seis caras del bloque pétreo: El anverso visto, y el reverso sólo visto cuando el muro comunica con el interior del edificio. No existen marcas en las caras laterales, en el asiento o lecho y en el sobrelecho, o al menos no hemos tenido la oportunidad de descubrirlas.

Limitando nuestro análisis a la cara vista, las marcas indicarían que fueron confeccionada antes, durante o después de instalar el bloque. Nos servirán, también, para descartar las marcas ejecutadas como actos vandálicos. Así, líneas simples acabadas como ságitas o delimitadas por segmentos, ángulos, puntos, etc., ubicadas próximas a las aristas laterales del sillar son generalmente órdenes de faenas, signos de obra, jerga cantera.

Estos extremos rectos parecen indicar límites de una medida (como las acotaciones de los planos actuales), que señalarían un sillar rasado, sin holguras; cuando los extremos son [>—<) tendrían que estrecharlos de los laterales para que encaje en el hueco; o llevan [<—->) que debe dejarse holgura. Una flecha señalando una cara lateral, que deben revisarse; la marca de las regla de medir que deben revisarse las medidas; etcétera. Asimismo, indicaría el tipo de tratamiento formal que habría que darle: la marca de una escoda, que debe alisarse esa cara; el doble triángulo unido o superpuestos sus vértices, que el sillar debe ir unido al siguiente o al anterior mediante una grapa o rampón; la marca de una llave, que el sillar tiene un saliente que encaja con el siguiente para evitar que se mueva, etcétera,

Las más elaboradas, a pesar de su esquematismo, y que aparecen en el centro del sillar, son marcas de honor, de identidad, firmas de cantero. De este modo, disponemos de cuatro aspectos diferenciales de la marca: Forma geométrica-forma libre / Marca de obra-marca de identidad.

• Nivel de lectura representativa de una marca

Una parte importante de la marca corresponde a su significación, lo que comunicaba a otros canteros y también lo que transmitía al visitante de la obra. Hoy sabemos que los muros permanecieron cubiertos por una buena capa de cal y, por ello, el dejar una huella en el tiempo no pareció motivarles demasiado. Si esto fue así, ¿qué puede importarnos el mensaje que dejaron, si lo hicieron, cuando no iba dirigido a nosotros?

Imaginamos las marcas como un lenguaje de signos para comunicarse entre ellos los miembros de una misma Cofradía, evitando así la injerencia de extraños en la aplicación de determinadas técnicas, pero no tenemos la evidencia porque carecemos de datos. En España daban jergas conocidas, como la pantoja, que aún se utiliza en Cantabria, provenientes de los canteros de Vizcaya; la xiriga asturiana es otra jerga particular, diferente del brin que emplean los caldereros, más parecido al babel. Los canteros gallegos aún emplean una jerga a la que denominan latín dos canteros, según se puede leer en el libro de Adriano García Lomas, “E lenguaje popular de la Cantabria montañesa”. Como lenguaje, el juego de señales estaría codificado y, presumiblemente, habría un código para cada Hermandad, común para el aspirante a aprendiz, encargado del trabajo más rudimentario, tanto en la cantera como a pie de obra; para el aprendiz o para el compañero. La diferencia interpretativa sería muy distinta. Así, existirán marcas para comunicarse como saludos, bienvenidas, y expresiones; para recomendar la herramienta idónea según el tipo de faena que debía practicarse en el sillar, etc. De este modo, se facilitaba el intercambio de compañeros, canteros experimentados que iban de una obra a otra mostrando sus habilidades en armar arcos, cerrar bóvedas o levantar muros que sobrepasaban las medidas de seguridad.

De haberse dado, este metalenguaje secreto habría cumplido una doble finalidad: servir para comunicarse órdenes de trabajo, con una finalidad meramente práctica; y exponer gráficamente símbolos que elevaban el significado de las operaciones, contribuyendo a perfeccionarse como persona porque el sillar era el camino interior y los golpes, los pasos que lo elevan de la materia y le descubre la parte divina que existe en todo cuanto le rodea. Dios es omnipresente: Es el triángulo equilátero cuyo centro es un ojo que lo vela todo. Cada piedra se labra con devoción casi mística, lo acerca a Él; obedeciendo ciegamente al oficial y al maestro, humilla y disciplina el cuerpo, liberando la dimensión espiritual que sabe que posee, y dejándola fluir por la Naturaleza hasta mimetizarse con ella. Entonces, se hace copartícipe de la Obra de Dios.

-> Marcas operativas o de obra: Se utilizaban para señalar las piezas previamente dispuestas sobre la montera. Se ejecutaban en la logia o cuarto de trazado. El maestro, y el oficial con el asentador, se auxiliaba de un compañero para ejecutar la marca. El objetivo era establecer un orden y una correcta ubicación de las piezas para que encajaran perfectamente durante el montaje.

Se reconocen porque son líneas simples cuyos extremos acaban en letras (como FR.D, que significa “fronte dextra” o FR.S, “frote sinistra”), cifras de trazado sencillo y libre, puntas de fechas, ángulos, puntos, arcos, etc. También, se destinaban a sillares, remates o dovelas, y explicaban operaciones, como pulido (acabado liso y brillante), flameado (superficie basta o irregular), apomazado (acabado más natural con muela de carborundum) o amolado (superficie basta con la misma muela de carborundum), escafilado (acabado irregular a cincel), cortado (con las huellas del corte), etc. Operaciones que implicaban un sentido moral o espiritual; de manera que el cantero no labraba únicamente el sillar sino que modelaba su carácter, le daba sentido a cada golpe ejecutado, comprendía el sufrimiento de la piedra. Porque, en la mentalidad del hombre medieval, la cuña de madera que sirve para cortan los bloques de piedra son triángulos rectángulos [ilustración 4.2, San Miguel de Escalborou]. El cateto mayor y la hipotenusa penetran en la herida practicada con berbiquí y el mazo golpeaba por el cateto menor. El agua y la dilatación hacían el resto. Otro tipo de cuña, en forma de triángulo Equilátero, tendría la fuerza y resolución que le daba la igualdad entre sus ángulos y servía como grapón de unión o sujeción, [ilustración 4.2, Castillo de Caracena].

Ilustr4.2

En [ilustración 4.2, Catedral de Tortosa] se muestra el signo para doble grapón de unión lateral de sillares. Las piezas que se utilizaban como grapón eran de plomo (que no se oxidaban como el hierro) que encajaban en los huecos practicados por el cantero. Las juntas se tapaban con arena mojada y se vertía plomo derretido. En la [ilustración 4.2, Catedral de Jaca, Monasterio de Gandesa] se muestran representaciones de escuadras y falsas escuadras que señalan los topes donde deben practicarse lo agujeros donde instalar posiblemente grapones o nervios de unión en los lechos y sobre lechos. Ejemplos, como venimos diciendo, de faenas simples que los canteros se transmitían y las que dejaban constancia en la piedra de origen o en la de acabado. Obsérvese en la [ilustración 4.2, Catedral de Tortosa] una indicación de doble escuadrado, un signo que aparece con cierta frecuencia.

Los signos de más abajo son también de escuadrado pero a nivel. Los que muestran la [ilustración 4.2, San Miguel de Escalborou y Catedral de Tortosa] son muy expresivos. En cambio, la simplicidad del signo [ilustración 4.2, Castillo de Caracena] viene a indicarle al cantero asentador que el sillar de la marca es guía: Se debe fijar a los lateras por grapones simples y al superior por un tubo de hierro, centrado y vertical a soga.

El siguiente signo de la [ilustración 4.2, Catedral de Tortosa] muestra la representación esquemática de un gancho para subir sillares. Probablemente el bloque marcado tenga los huecos para el engarce y se lo indica al auxiliar del asentador.

Los siguientes, hallados en la Catedral de Tortosa, son dos faenas que se yuxtaponen. La primera, ordena al cantero un tipo de acabado del lecho del sillar (¿más basto?); en la segunda, el acabado de la superficie ha de ser pulida (¿un sillar que remata una hilera?). Acabados para ambas a soga; es decir, vertical al suelo, conservando la horizontal de las zonas de asiento. Los ejemplos de faenas que se muestran en [ilustración 4.2, San Miguel de Escarborou y Catedral de Tortosa], son orla, ribete o cenefa, los de la primera; o perfiles de molduras, en la segunda. Finalmente, ciertas iniciales simples [W, M, N, S, R, H o C] corresponden a marcas recientes, que señalizan sillares restaurados o sustituidos con posterioridad.

-> Marcas de identidad: Estos signos no deben confundirse como los de grado, que estudiaremos en otro artículo. Estas marcas suelen ser letras, monogramas o anagramas, del nombre del maestro o del oficial, de confección más compleja respetando un proceso geométrico y ubicadas en el centro de la cara vista, o paramento, en el dintel de un vano, en la clave de un arco, en el tambor de un pilar a columna, etc..

El origen de este tipo de marcas puede deberse a “imitaciones” de los escudos de armas de las casas nobiliarias, con las que el maestro cantero se hacía respetar cuando negociaba y firmaba contratos de trabajo. Pues, en la época en que comenzaron a surgir [siglos XI y XII], estos maestros canteros conformaban el tercer estamento de la sociedad medieval y querían figurar como tales. A través de estas marcas se conoce la identidad de aquellos canteros que deambulaban por la geografía hispana. La mayoría de ellas corresponden a marcas personales

, y muy pocas a grupos organizados, al estilo de los Collegia romanos.

En la Iglesia de San Juan de la Peña, [ilustración 4.3], hallamos una curiosa marca que creemos se trata de la representación de un grupo de canteros: Los tres compañeros, formado una piña, cuatro peones y cerrando el grupo el maestro, la línea vertical más alargada.

La del Monasterio de Poblet, también en la [ilustración 4.3], es un anagrama simétrico formado por dos ángulos: el de mayor a menor, representa una D; la de menor a mayor, una C. Junto a esta marca, la de una A que encierra, a la manera monogramática, dos T mayúsculas encontradas y giradas hacia los pies de la letra principal. La disposición más común en este tipo de marcas es la que se dispone de manera que pueda reconocerse con facilidad. En la [ilustración 4.3, Iglesia de San Ramón] se han dispuesto las letras mayúsculas J, F y A.

Ilustr4.3

La primera de las últimas tres marcas,hallada en San Pedro de Arlanza, en Burgos; las otras dos,  en San Miguel de Escornalbou, [ilustración 4.3], corresponden a anagramas. El primero, formado por las letras P, girada 180º e invertida para mirar hacia la izquierda, y T, bordeada por segmentos que indicarían que se trata de un maestro cantero de mucho prestigio. Estos extremos indicarían además de que se trata de una letra y no un símbolo, como una cruz latina. La segunda está constituida por las letras M e I. La tercera, finamente, por las letras P, C y T. Obsérvese cómo se ha diferenciado la letra T central del otro significado, una cruz, por la oblicuidad del segmento correspondiente al patibulum.

Se conocen los significados de muchas de las marcas de identidad de estos maestros, porque se han conservado algunos contratos, como el del cantero. Así, en el epitafio del maestro cantero Adams Fiebick en la iglesia de san Cristóbal, en Beslau, Alemania, aparece su marca de honor: La “V” del nombre, en posición vertical, y la “F” del apellido, girada 90º, conformando ambas un anagrama esquemático [ilustración 4.3]

En [ilustración 4.4.A y B] se muestran dos marcas muy parecidas, sólo la diferencian los ángulos centrales de la segunda; pero ambas están constituidas por las letras mayúsculas A (parte inferior) y V (parte superior). Podría tratarse de una misma marca, sólo que la primera correspondería al hijo mayor que la heredó de su padre, maestro cantero; la segunda, sería una variación de la anterior, añadiéndole una brisada o brisura que la hacían diferente.

Para brisar la marca, el maestro cantero emplea lambel, creciente, estrella, mirlo, anillete, flor de lis o, sencillamente, añadiendo un trazo o un conjunto de trazos. Es lo que habría ocurrido con las marcas de esta familia de canteros conocida como los Wincqz: Arnauld (1667) [ilustración 4.4 C], Pierre (1635-1728) [ilustración 4.4 D] y Thomas (1752-1807), [ilustración 4.4 E], consistente en adosar la inicial del nombre.

Ilustr4.4

Por otro lado, en los libros de Obra y Fábrica del año 1463, de la Catedral de Toledo, se aprecia la firma autógrafa de los maestros de obras que intervinieron en la edificación. De este modo, se conocen los significados de las marcas de identidad de Pero Gutiérrez, [ilustración 4.4 G], un Triángulo central en cuyos vértices se adosan otros tres Triángulos; el Diego Alfonso [ilustración 4.4 H], un rombo de cuyos extremos superior e inferior cuelga un Triángulo Equilátero; Antón Martines [ilustración 4.4 I], una letra M en forma de Triángulo Equilátero con línea que cierra la parte superior; Pedro de Utrillo [ilustración 4.4 J], una flecha vertical en cuyo extremo inferior se localiza un Triángulo y en la punta dos Triángulos adosados; Lope de Villalobos [ilustración 4.4 K], una flecha vertical que atraviesa un Triángulo Equilátero en la base de otros dos de cuyos laterales salen dos trazos significativos.

• Nivel de lectura simbólica de una marca

Una de las tareas del oficio artesanal era la de asimilar el conocimiento tradicional, presente en los fenómenos naturales, mediante el trabajo físico. El acercamiento directo del artesano a la materia prima desarrollaba en él cierta capacidad para transformarla en objetos artísticos. Merced a esta devoción por el trabajo bien hecho, la artesanía se convertía en Arte, y éste servía de vehículo vital de comunicación con fuerzas psíquicas y espirituales difíciles de transmitir, bien porque fueran vivencias íntimas, bien porque estaban enfrentadas a la corriente de pensamiento aceptado por la Iglesia de Roma.

Son fáciles de reconocer porque emplean recursos gráficos comunes, como cruces (cristianas, latinas, griegas, egipcias, etc.); así como crismones (de muchos tipos, incluso esquemáticos que asemejan chispas o estrellas de seis o de ocho partes), el sello de David o hexagrama, el anillo de Salomón o pentalfa, el laberinto, la espiral… También usaban figuras de animales especialmente benefactores, como la oca, mirlo, paloma, tórtola, etc.; hojas vegetales, flores, etc.; objetos de uso cotidiano, herramientas de cualquier oficio, etc.; así como elementos geométricos (paralelas, perpendiculares -que se confunden con cruces griegas–, círculos, triángulos, cuadrados e, incluso, trazados complejos para demostrar el conocimiento de las proporciones -raíces cuadradas, sección áurea, número π, rectificación de la Circunferencia, etc.-)

Podemos hallar muchas marcas que pueden agruparse en este tipo de epígrafe; en realidad, cualquier marca, por el hecho de ser representaciones esquemáticas de seres, objetos y signos, cuyas virtudes y quintaesencia, siempre tiene carga simbólica; a veces, no intencionado sino más bien sugerido. Es difícil para un investigador no ver en una marca con forma circular, toda la carga simbólica del círculo, el huevo cósmico que contiene en germen, lo que se desarrolla dentro; el límite entre lo externo, alejado de la verdad guardada en el interior, y los iniciados de dentro, donde el centro es estático, origen y germen, al que Proclo de Alejandría decía que «todos los puntos del círculo están en el centro, que es su principio y final».

Consideraremos, entonces, como marcas con contenidos simbólicos, las que reconocemos como tales y que se refieren a uno de estos tres grupos: Símbolos cristianos (referidos exclusivamente a los del Cristianismo), Símbolos religiosos (referidos a los de cualquier otra disciplina de pensamiento espiritual) y los Símbolos puros (seres y objetos).

-> Símbolos cristianos: El cantero medieval es fiel a un conocimiento tradicional heredado y presente en su misma naturaleza viviente. Este conocimiento posee principios transcendentes revelados que han regido toda civilización. Y, de la misma manera intuitiva y libre a como ha quedado prendado de él, lo expresa. Su transmisión velada posee rango sagrado, esotérico, capaz de impregnar la mente y la sensibilidad del cantero.

Mencionar “todos” los símbolos cristianos se nos antoja fuera de lugar. Los más conocidos, como el pez, lábaro, crismón, rosa, paloma, cordero místico, ancla, la rosa… ¡y la cruz! Latina, Griega, de San Pedro (invertida), de Jerusalén, Templaria, de San Juan, bautismal o crismón esquemático, etc. Debian cumplir una función de identificación del edificio, de bienvenida al peregrino o de veneración del cantero que demostraba así sus creencias al donante. En la [ilustración 4.5] se exponen algunas de las más características halladas a lo largo de la geografía patria.

Ilustr4.5

-> Símbolos religiosos: Los dinteles de piedra presentan inclinación hacia el exterior, de manera que se compensen unas en otras y equilibren la tensión generada por el peso. Estas piedras especiales reciben el nombre de dovelas y son las utilizadas para cubrir vanos. Son labras muy especiales, no exentas de peligros, al igual que las piedras de remate y vierteaguas. A veces, la piedra se suelta de la pinza y cae al suelo rompiéndose; o durante la labra se malogra o el maestro la rechazaba porque no asentaba bien. Para evitar estos incidentes, los canteros marcaban estas piedras con signos que infundieran el halo protector necesario que ahuyentara a los malos espíritus.

La mentalidad del cantero era propensa a creer en estos conjuros gráficos que alejaban las fuerzas negativas lanzadas por brujos y hechiceros. Estas marcas son, generalmente, figuras de devoción y meditación; que indicaban un acontecimiento relevante como la fecha de comienzo o finalización de la obra.

En la [ilustración 4.6] se han expuesto algunas de las marcas más características; donde destaca la figura de la cruz cristiana de extremos lisos [Iglesia de San Miguel de Escornalbou], con entrantes [Monasterio de Poblet] o de estrella de estilo mozárabe [Castillo de Almodóvar].

Ilustr4.6

El hexagrama, o hexágono estrellado de seis puntas, es un símbolo geométrico de gran repercusión en la Edad Media donde el estudio y desarrollo de la Cábala se extendió mucho entre la población judía que huía de las invasiones islámicas, [Monasterio de Poblet, entre otros edificios, donde el hexagrama aparece grabado]. Todos los símbolos derivados de la misma son susceptibles de quedar inscritos en un círculo, reflejo de la esfera cósmica y del equilibrio cristalino estático que representan los polígonos: Pentagrama para el Hombre; Decágono estrellado, para el Cosmos; Hexagrama o sello de Salomón, símbolo de la materia no organizada, Natura naturata; etcétera.

«Cuando el Misterioso de los Misteriosos deseó manifestarse, produjo un punto, que se convirtió en Pensamiento. En este Pensamiento grabó figuras innumerables y, por fin, la obra de maravilla, salida de lo mejor del Pensamiento. La llamaron Mi (¿Quién?), origen de la obra creada e increada. Luego, a su vez, Mi quiso manifes- tarse. Y creó a Eleh, que completó su nombre (Eleh-Mi, Elohim)

El pentalfa, o sello de Salomón [Iglesia de San Ramón], empleado por los Templarios como signo de identidad, es un pentágono estrellado que se asienta sobre dos vértices. Se usó como amuleto de protección personal y para proteger ventanas y puertas. En las gestas artúricas, el pentagrama está presente en el relato por referencias del caballero Gawain, a veces orgulloso y mundano, aunque de intenciones puras que, durante la bús- queda del Grial, es incapaz de recurrir a la gracia de dios para percatarse de sus errores. Nos ha dejado un párrafo donde destaca la opinión que se tenía del Pentagrama en aquella época:

Y pienso para decirlo, aunque demoro por lo tanto,
Por qué el Pentagrama es apropiado a este príncipe de caballeros. Es un símbolo que Salomón concibió una vez
Para presagiar la verdad santa, por su derecho intrínseco,
Es una figura que tiene cinco puntos,
Y cada línea se superpone y es cerrada con otro;
Y es interminable por todas partes, y el inglés lo llama,
En total la tierra, yo oigo, el Nudo Interminable.

-> Símbolos: En este apartado nos referiremos a las marcas con significado dado por la forma adopta. Su significado es, por tanto, es en parte sugerido y en parte interpretativo. La diferencia con lo símbolos anteriores, que eran pictografías con significado propio, la mayoría de las marcas que no son funcionales o identificativas, sugieren otras asociaciones cognoscitivas.

Intuimos que las marcas, incluso la más simple y sencilla, poseían un valor simbólico de indudable transcendencia tanto para los canteros que las ejecutaban como para los peregrinos que visitaban Iglesias y Monasterios de tránsito. Si en un momento de la evolución del compañerismo hubo hermandades y gremios en los que se asociaban para darse protección frente a las políticas recaudatorias de los gobernantes, es cierto que las reglas de funcionamiento y los códigos sociales y morales las guardaron tan celosamente que ni siquiera ha trascendido sus significados. Cuanto podamos añadir seguirán siendo hipótesis e intuiciones imposibles de constatar con la escasísima documentación que se tiene, a pesar de la extensa bibliografía publicada en los últimos dos siglos, sobre todo a partir de Studien ubre Steinmetz-Zeichen, de Franz Rziha, que data de 1883.

Ilustr4.7

¿Qué significado darían al Círculo, por ejemplo, [ilustración 4.7, Monasterio de Poblet], diferente al aceptado en la época? Para Juan Escoto, el Círculo es el Unus Mundus, el universo único preestablecido en Dios, creado o manifestado, desde el momento en que Dios existe en él.

«Dios se crea a sí mismo al crear a los seres

El Arquetypus Mundus, la idea de mundo en el espíritu de Dios, en cambio, es el Universo preexistente, la piedra filosofal; porque Dios creó al mundo mediante el número, la medida y el peso, identificándolo a un orden matemático: Dios es Geometría. Así, cuando se combinan ambas marcas (un círculo atravesado por una cruz centralizada) sugiere la imagen de la uniformidad, perfección, homogeneidad, integridad, inmutabilidad, divinidad, mundo, cosmos… Pero hemos analizado marcas en las que esas dos líneas perpendiculares entre sí, adquiere el significado de “cristianismo”, de fe en Jesucristo, en sacrificio cruento, en supremo sacrificio… ¿Qué significará, entonces, cuando ese equilibrio que conforman las cuatro direcciones del mundo, que orientan al Círculo, se desplazan? El caos, lo imperfecto, el mundo material…

Por medio de los símbolos accedemos a un conocimiento íntimo y profundo de los seres y objetos del universo. Conocer nuestro yo interno a través de las cosas manadas de Dios, es contactar con nuestro centro, con nuestra realidad integral. De ahí que el símbolo sea un medio para llegar a la abstracción de la simplicidad que radica en todo lo viviente y animado.

El Cuadrado es la materia, el Universo creado, el mundo estable y símbolo de lo sólido. Cuando se divide en cuatro partes iguales por la confluencia de sus medianas, representa a los cuatro espacios del templo, las cuatro partes de las plantas (raíz, tallo, ramas y hojas), las cuatro especies de animales, los cuatro vientos, las cuatro direcciones del espacio y los cuatro elementos (agua, tierra, aire y fuego).

Los puntos interiores de los polígonos, teóricos o marcados con punteros o berbiquíes, representan el santo centro. Los peregrinos que hacían el camino, siguiendo el laberinto de la vida, llegaban al templo y daban vueltas alrededor del centro marcado (la figura del santo, objeto sagrado, etc.) el laberinto era un símbolo asociado a la Madre Tierra, representada por la Virgen Negra, ello se correspondía con el conocido ritual muerte- resurrección de los iniciados, y para los gremios medievales, recordaba su parentesco con Dédalo, el maestro de obras del palacio de Cnossos de Creta que, según la tradición y la leyenda, había creado la danza ritual e iniciática a través de la cual se recorría dicho laberinto

La marca en espiral representa al oficio de constructor y eslos Maestros constructores adoptaron la espiral o la concha de caracol representativa de su oficio para simbolizar su recorrido, calculado, medido, lento pero seguro y cuyo rastro apenas visible (el del conocimiento) era solamente conocido por aquellos que pertenecían a su propio gremio. Por ello podemos contemplar en raras ocasiones a pequeños seres, a gnomos, montados encima de un caracol por ejemplo en la Catedral de León, en el Monasterio de San Juan de la Peña. el compañero llega lentamente a su destino final, recorriendo su propio laberinto interior en el que le amenaza el minotauro de sus imperfecciones y cuyos conocimientos (el hilo de Ariadna), le permitirá vencer y tener acceso a la trascendencia. Cada uno de los laberintos medievales poseían características diferentes que le conferían su propia personalidad, pero siempre relacionados con la vía iniciática.

A veces, la marca esquematiza los contornos de un ave que nos recuerda al ibis egipcio, símbolo de la prosperidad porque su regreso coincidía con las crecidas del Nilo. Se alimentaba de huevos de cocodrilo y los egipcios destruían sus nidos porque tras la crecida llegada la sequía [ilustración 4.7, Santa María de Veruela]. En otras, es esa especie de casa, torpemente ejecutada, que recuerda la cabina de un montacarga. ¿Quisieron expresar con esta marca la elevación del espíritu a través del trabajo físico, o los vaivenes de la vida que tan pronto se está arriba como se baja, simple sobre [ilustración 4.7, Castillo de Valderrobres]? Jamás lo sabremos.

La misma respuesta interpretativa, como venimos enunciando, para cientos de marcas que parecen representar seres, objetos, etc. y que ocultan sus significados. El gorro de bufón [ilustración 4.7, San Juan de la Peña], el bastón de maestro [ilustración 4.7, Santa María en Montblanc], las tenazas-ganchos para elevar los bloques de piedra [ilustración 4.7, Catedral de Tortosa], alicates o tenazas de boca ancha [ilustración 4.7, San Juan de la Peña] o una lanza ornada [ilustración 4.7, Santa María en Montblanc], ¿qué significado esconden?

Clasificación de marcas

Del mismo modo que la marca posee tres niveles de lectura, su clasificación debería contemplar tres jerarquías que atendieran al aspecto formal de la misma, a su representación o significación y a su función en el contexto de la obra constructiva. Tres jerarquías imbricadas entre ellas; de manera que la forma implique un significado y este contenido funcional del mismo. primera abra la segunda y ésta el último.

Ilustr4.8

Cada una de estas jerarquías o troncos clasificatorios se desarrollan independientemente. En el aspecto formal, lo primero que nos llama la atención es que el aspecto de la marca puede poseer una factura geométrica o natural. Es decir, poseer una estructura de confección reglada o carecer de la misma. De igual manera, el significado de la forma puede ser sígnico, por su valor como grafía o cifra convencional, que no tiene parecido con la realidad, natural o mental; o simbólica, cuando lo representado se toma como arquetipo de una realidad natural o inventada. En cuanto a la función de la marca, ya hemos mencionado dos tipos: Marcas de Honor o de identidad del cantero, y marcas de obra. En el gráfico siguiente se muestra el modo de relacionarse las diferentes jerarquías clasificatorias de los signos.

Ilustr4.9

Desarollemos, a continuación cada una de estas categorías, a fin de que el investigador posea la herramienta taxonómica precisa. Las formas geométricas pueden ser, a su vez, simples y compuestass. A las primeras se reconocen porque son formas únicas, que poseen un contorno regular (Circulo, Triángulo, Cuadrado, Polígono) que encierra en su interior formas simples como puntos, rectas o curvas. A veces, estos contornos son convexos; es decir, todos los ángulos interiores son mayores de 60°. Las formas cerradas cóncavas poseen algún ángulo interior menor a 60°. Las formas abiertas, en cambio, son combinaciones binarias de formas cerradas, relacionadas entre sí por líneas; es decir, de forma convexa con forma convexa (Círculo con Cuadrado, por ejemplo), de forma convexa con forma estrellada (Círculo con Cruz, por ejemplo), o de forma estrellada con forma estrellada (Cruz griega con Cruz latina, por ejemplo)

Ilustr4.10

 

• Conclusiones

¿Deberían incluirse como marcas de canteros las monteras, trazadas a escala natural, de replanteos o líneas de referencias verticales y horizontales de los diferentes elementos arquitectónicos. Estas marcas se ejecutaban en el suelo, sobre una retorna de yeso seco, en los cuartos de trazado o logias, confeccionadas por el maestro de obra. Ante cualquier duda, el oficial se acercaba al “plano” y media o confeccionaba una plantilla que entregaba al compañero para que a su vez ilustrara al aprendiz.

¿Sería sensato incluir en esta investigación sobre marcas los epigramas, petroglifos o cualquier otra inscripción sobre piedra?

Se ha señalado que, en general, las marcas se ubican en una determinada zona del paramento y que este detalle podría indicarnos su posible función: identidad, operativa, etc. Hemos observado, no obstante, que según sea una marca grabada en el exterior o el interior del edificio también condiciona su función. Es difícil hallar una marca operativa, o de obra, en el interior, donde abundan firmas y marcas de identidad.

Queda mucho trabajo por delante. Necesitamos Cazadores de marcas, cámaras de foto en ristre y dispuestos a captar esa imagen rara de marca que luego los analistas geométricos se rompan la cabeza descifrando su estructura. Ambos aportarán datos morfológicos precisos para descubrir sus significados y posibles funciones.

El investigador de marcas debe desmitificar al cantero como portador de fórmulas geométricas desconocidas, con capacidad para dominar contenidos místicos por encima de lo que es práctico y cotidiano. Falta por contrastar fehacientemente el número de marcas que ponen de relieve el número de oro, secciones áureas, razones geométricas complejas, trazados singulares o conclusiones astronómicas que se han descubierto recientemente. Aunque existen marcas donde se contacta claramente estas fórmulas geométricas, habría que concretarse a qué período histórico corresponden y si son marcas canteros o marcas mandadas grabar por alguna razón que hoy ignoramos. El futuro es apasionante.

Pensamiento medieval

© Álvaro Rendón Gómez

Publicado el Viernes, 25 Enero 2013 20:52

en [http://www.signoslapidarios.org/inicio/historia-de-la-construccion/121-pensamiento-medieval]

 

Convencidos de que Dios se revela en toda su plenitud dentro de la fraternidad que trabaja para su gloria, la comunidad operativa revelaba a sus nuevos miembros su razón de ser. En ella se aprende el oficio de hombre y, como afirmaban los antiguos estatutos del cantero: «Quien quiera convertirse en maestro debe conocer el oficio».

La fraternidad los guía por el camino de un conocimiento tan esbelto como un arbotante, tan poderoso como una torre, tan sereno como un ábside… En ella, el Aprendiz se inicia en el misterio, comulga con los símbolos y aprende los secretos del oficio mediante una serie de rituales prácticos, derivados del trabajo operativo primitivo. Para la concepción medieval del mundo, la visión limitada del trabajo a pie de obra era suficiente para el cantero. Bastaba recorrer con la vista las imágenes alegóricas representadas en el plano de la fachada, organizadas en celdillas y dispuestas según una secuencia de lectura, para relacionar ese orden anecdótico con la geometría significativa que hallaría en el interior.

 

La construcción del templo, convertido en crisol, en soporte del conocimiento que se transmitía por el trabajo, era una escuela de misterio donde se compartía algo más que recetas prácticas y consejos gremiales. Cada fenómeno ocupaba un lugar y una escala moral. El edificio, así, actualizaba principios que existían en el subconsciente colectivo, rescatados y aflorados por los símbolos que el cantero maneja con el conocimiento íntimo de su ser, a donde traslada las conclusiones trascendentes que descubría en la piedra.

El constructor estaba convencido, además, de que la Tierra era el centro del universo por haber sido el lugar elegido por Dios para encarnarse; el Axis Mundi alrededor del cual todo se mueve. Con cada golpe de cincel sobre la piedra bruta, comprueba que la creación del mundo no acabó en aquel séptimo día, de descanso y contemplación; que Dios, desde algún lugar, mantiene las cosas creadas para que permanezcan inmutables; y que cuando algo se desvía del orden establecido, el poder divino intervendrá y lo restituirá.

En su fuero interno el cantero tiene perfectamente definidas y comprobadas prácticamente estas verdades, mientras labra golpe a golpe (como el respirar que nos mantiene vivos) el sillar, que la naturaleza de las cosas lleva implícitas cuatro acciones: Generación-Aniquilación; Evolución-involución; Desarrollo-retroceso; Funcionamiento.

La generación se opone a la aniquilación, como el uno que lleva implícito su antagónico, también uno, y juntos conforman un tercer elemento, distinto de los anteriores. Evolución y su antagónico la involución, ambos de características diferentes, consecuencia del reordenamiento de sus elementos, o bien de los “entes físicos” en el interior de los “componentes” que constituyen el sistema en sí. Una tercera acción sería el desarrollo, entendido como que el sistema crece por el agregado de componentes idénticos a los que ya posee; por lo que las propiedades cualitativas y esenciales no cambian, sólo su tamaño. Finalmente, la última acción sería el funcionamiento que hace que un sistema se comunique internamente consigo mismo.

Aplicando estas acciones a su trabajo, a su educación y a las relaciones con los seres y objetos que le rodean, el mundo es un sistema que se autogenera y se autodestruye, que evoluciona e involuciona, se desarrolla y, finalmente, funciona.

El que un sistema complejo se le resista no invalida la Ley interna que lo sostiene; aunque la desconozca. De ahí que el objetivo del cantero sea reducir a Leyes simples los sistemas más complejos; es decir, resumir conceptos abstractos difíciles de explicar con palabras en signos y marcas simples, símbolos gráficos más bien, de objetos cotidianos que le sirven de portal de acceso al conocimiento superior que, por otro lado, es también simple y sencillo.

Por ello, no pretendamos descubrir en las marcas más allá de lo evidente en una primera fase. Después, esta interpretación simple se podrá desarrollar hasta alcanzar lo inalcanzable; pero, al Sabio, al buscador de la verdadera Verdad, le bastará constatar que la Sabiduría sigue siendo una gran simpleza.

Pongamos un ejemplo. Descubrimos una marca que tiene forma de “T”, mayúsculas, es interpretable como “te” o “tau”. Probablemente, queramos ir más lejos e imaginaremos que el cantero quiso decirnos que es la primera letra de la Fraternidad a la que está asociado y a que da cuenta. Enseguida se nos abren nuevas perspectivas de investigación; pero, ¿es eso lo que quiso señalar? El secreto que obligaba a los miembros de estas fraternidades, le prohibía hacer pública su pertenencia a la misma, bajo pena de expulsión, ¿cómo alardeará de esta condición? ¿Creéis que el cantero medieval, inmerso en una mística trascendente, comprometido con los compañeros en la edificación del recinto que alojará a la deidad tendrá la desfachatez de manchar el sillar con la capitular de su nombre? ¿Se lo permitirían sus compañeros? En la mentalidad del cantero esa misma “T” puede ser el resultado de una profunda abstracción de la forma de una herramienta que emplea a diario y a la que le da una importancia trascendente: Es un martillo o una escoda, un instrumento que en manos apropiadas es capaz de modelar la piedra más dura. El panorama que nos brinda esta nueva visión es mucho más espiritual, y acorde con la enseñanza esotérica que desea trasmitir.

Y en este marco debemos interpretar la “W”, como síntesis formal de una regla plegable; al igual que la M o la N. La “I” es un puntero, como las flechas con puntas que llevan una misma dirección, o las “íes” mayúsculas con peana triangular. Una “V” es un compás que se utilizaba para llevar medidas; la “A” mayúsculas, un compás de trazado; etcétera.

¿Cuándo interpretar la forma de una letra como signo de escritura? Pienso que cuando la letra viene con serif, esos segmentos en los que acaba las líneas que la conforman.

Recordemos la cita de Platón sobre la naturaleza del Conocimiento trasmitido por Pitágoras y del que él se siente poseedor por derecho propio: «El que ha captado una vez esta enseñanza, no corre peligro de olvidarla; pues, se trata de algunas fórmulas muy breves… Sólo unos pocos hombres las conocen.»

Debe ser así de simple y sencillo porque el pitagorismo formó parte de la trimurti o los tres semblantes de la misma Verdad Mística: La hebrea, que lo hace con la Cabalá (que participa de la simbología geométrica y del número cuando trabaja con la gematría y los cálculos místicos), cuya finalidad es entender la Mercaba. Para ello dispone de los símbolos geométricos en la Cabalá, inscritos genéricamente en un círculo, reflejo de la esfera cósmica y del equilibrio cristalino estático que representan los polígonos estrellados inscritos en ella: Pentagrama para el Hombre; Decágono estrellado, para el Cosmos; Hexagrama o sello de Salomón, símbolo de la materia no organizada, Natura naturata; etcétera. De los saberes egipcios, denominado Hermetismo, o doctrinas secretas de Hermes Trimegisto (cuyas enseñanzas, Kybalion, comprende siete principios de la verdad); y, finalmente, del helenismo, mediante el Iéros Logos.

Por ello, por las tres vías es posible llegar a la misma Verdad, sencilla, única, plena.

Una propuesta para el análisis geométrico de los signos lapidarios: los tres modelos de red

© Álvaro Rendón Gómez

Publicado el Sábado, 05 Enero 2013 20:20

en [http://www.signoslapidarios.org/inicio/analisis-y-descripcion-de-las-formas/96-una-propuesta-para-el-analisis-geometrico-de-los-signos-lapidarios-los-tres-modelos-de-red]

Para los Maestros venidos del mar, los supervivientes de la primera Humanidad destruida, la sabiduría constaba de un Principio Creador inmutable del que procedían tres Leyes fundamentales que actuaban en todos los planos del Universo:

  1. Existencia de la trinidad como ley fundamental de acción en todos los planos del Universo. El hombre no puede concebir la Unidad hasta después de haber analizado los tres planos de manifestación de dicha Unidad. En esto se apoya la idea de la Trinidad celeste de casi todas las cosmogonías, y la de trinidad humana (espíritu — alma — cuerpo) del Hermetismo, trinidades todas que se sintetizan en la concepción unitaria de Dios y el hombre.
  2. Existencia de las correlaciones que íntimamente unen todas las partes del universo visible e invisible. Esto permite que por el empleo de la Analogía el razonamiento pueda elevarse de los fenómenos a sus leyes, y de las leyes a los principios. La doctrina de las correlaciones es inseparable de las analogías y de la necesidad de su aplicación.
  3. Existencia de un mundo invisible, duplicado exacto del visible y perpetuo factor de éste. Parece una constante del ser humano utilizar los recintos sagrados como vehículos con el que transmitir mensajes trascendentes; alentados, quizás, por esa fuerza espiritual que radia su interior, o por el universo de signos y símbolos que encierran. Con probabilidad, los iluminados que levantaron los templos cumplían un mandato formulado hace miles de años, en los albores mismos de la Humanidad. Viendo llegada la hora de la luz, el final de las tinieblas, se sintieron obligados a dejar constancia en piedra de ese misterioso programa que portaban: Una pesada carga que, de otro modo, tal vez se perdería para siempre. Así, con sutileza, sin llamar la atención, fueron colocando los símbolos que lo desarrollaban. Cada detalle constructivo o cada forma, impregnadas de paciente sabiduría, estructuraban un espacio –interno y externo– que no sólo servía como morada de la divinidad patente, sino que daban cobijo a la Sabiduría latente.

Con el tiempo la clave se perdió. De aquel mensaje transmitido bajo formas metalingüísticas sólo quedó el soporte estéril de unos símbolos que confundían o eran utilizados por otras disciplinas interpretativas, como la Alquimia, la Gnosis o la Cábala. El Saber, definitivamente, quedó relegado. La sociedad primó el tecnicismo estéril, y el ser humano se dejó conducir por la lógica y la razón materialista. Las viejas fórmulas de aprehensión del conocimiento directo, la capacidad de leer entre líneas o de extractar contenidos por simple observación, dejaron de ser útiles, no servían para leer planos, fabricar piezas de complicados engranajes, levantar estructuras de acero o comprender la aerodinámica, por ejemplo.

Esta experiencia sensible, educada a leer estructuras geométricas inmateriales y abstractas, es la única capacitada para leer mensajes codificados con algún tipo de Geometría vital, que aplicaron a lo largo y ancho de los templos de una determinada época. Esta Geometría vital, como procedimiento de control de la forma y las medidas, es el principio del orden que impera en el templo. A través de ella, la clave puede rescatarse y el mensaje oculto, al fin, leído.

La red cuadrada

Si imaginamos el templo como un cuadrado que circunscribe a un círculo que, a su vez, contiene un centro, tendremos tres conceptos primarios que con seguridad emplearía el maestro o el artesano para expresar conceptos elevados; puesto que poseen la capacidad de resumir la evolución del espacio trascendente, donde el ser humano percibe vivencias incomprensibles y cree constatar con fuerzas que lo superan.

Red_cuadrangular_signos

Nosotros hemos querido ir más lejos y hemos descendido a la simplicidad del pensamiento medieval y nos hemos enfrentado a las tres figuras básicas del espacio bidimensional: Triángulo Equilátero, Cuadrado o Plano Básico y Círculo. Los dos primeros susceptibles de quedar inscritos en el tercero y, por ello, partícipes los tres del centro que, en todos los casos, dominarían los conceptos simbólicos que representen para el hombre medieval.

El cuadrado representa lo sólido y le corresponde la dirección sur. Evoca la fuerza orgánica y la energía primaria que brota de la Tierra. Es el ideograma del ser humano transformado en microcosmos (valga de ejemplo el Canon de Vitruvio dibujado por Leonardo mediante un hombre con los brazos y las piernas abiertos que tocan los bordes de una Circunferencia que, a su vez, contiene un Cuadrado y un Triángulo Equilátero). El Cuadrado es el símbolo del territorio donde circulan las aguas terrestres y el lago cuando éstas se detienen o estancan. Por el cuadrado terrestre transitan energías físicas limitadas que, al orientarse, simbolizan el templo, la ciudad o la civilización.

El cuadrado es el número plural mínimo y encarna el estado pluralista del ser humano, según Jung. Las divinidades nocturnas, sempiternas vigilantes del sueño y la noche, adoptan forma cuadrada y presiden la inatención, la ceguera, la disolución, lo imaginario, lo inconsciente y el sentimiento. Por ello, es obvio que el maestro medieval lo utilizara como modelo de una red con la que conformar esquemas y estructuras cargadas de simbolismo. Este modelo cuadrado es el que exponemos en la Figura 1, en la que podemos observar en el margen izquierdo de la misma la evolución del trazado, partiendo del Cuadrado simple, que sigue la progresión de Platón; en el margen derecho, el modelo de red, con algunas de las líneas internas más representativas, que establecerían centros, radios, direcciones y longitudes.

Resulta evidente que al dibujar sus cuatro líneas internas (las dos mediatrices y las dos diagonales, que actúan como ejes orientados hacia las cuatro direcciones del espacio plano y los cuatro rincones del mundo) el cuadrado se transforma en el emblema de la cruz de las ocho virtudes del templario; en donde, el punto común central es la confluencia de todas las direcciones y añade un valor al emblema, convirtiéndolo en signo: el número 9.La red circular

El Círculo representa al aire y le corresponde la dirección del oeste, el ocaso. Es el cielo, Macrocosmos, Polo celeste alrededor del que gira el Universo. Es una abstracción del territorio de la Vía Láctea donde transitan los ríos celestes, las aguas superiores; el lugar de las constelaciones que sugieren figuras. El círculo terrestre se carga de energía psíquica y es el yin, el alma del mundo limitado y fuente de creación. Simboliza al día y el sol, la vigilia, la atención, la alerta, la acción, el consciente y la libido. La división del Círculo en doce partes iguales (que, como se sabe es la combinación de cuatro veces tres, o tres veces cuatro –como en este caso–, que sugiere la mónada evolucionada o Tétrada -el cuatro-, y la Tríada Sagrada -el tres-), donde se inscriben cuadrados que evolucionan girando sobre el centro (participando de él) y generando centros y radios de Círculos auxiliares.

Cuando se representa el centro, la curva del contorno se diluye y se inicia un proceso de concentración de fuerzas del círculo al centro, del exterior al interior, que simboliza el acto de introspección, el paso de la forma a la contemplación, de lo múltiple a lo uno; del espacio al no-espacio, del todo a la nada…

 

Red Circular

El círculo que circunscribe al cuadrado sugiere la idea del ser que ha alcanzado la unidad interior, el crisol de la perfección, el cambio; y se asocia a cultos del fuego y a divinidades agrarias. Un cuadrado coronado por arcos (es decir, un cuadrado inscrito en un círculo), representa al Cubo que se desarrolla como Cúpula, fusión de lo humano, material, y lo divino o espiritual.

Red_circular_génesis

Recuérdese que la Esfera primordial, el Huevo Cósmico, se proyecta sobre el plano como círculo. Cuando lo divide un diámetro (o un plano que contenga al centro de la esfera) se produce lo binario, las energías duales enfrentadas, el yin-yang que evoluciona generándolo todo.

La red triangular

El triángulo es una forma básica intermedia, fenomenológica; antiguo emblema egipcio de la divinidad y un símbolo pitagórico alusivo a la sabiduría (tetraktys, el número 10). Con el vértice hacia arriba le corresponden los valores de agua, de líquido y la dirección norte, al relacionarse el arriba con delante, fuera y la energía yang. Cuando sus vértices simbolizan los términos de un razonamiento lógico que se desea abstraer, el vértice superior representará la conclusión manifiesta aunque disuelta o relatada. Es el símbolo de las diosas que emergen del agua, el ave Fénix que se regenera por el fuego (elemento masculino), la serpiente que cambia de piel, o cualquier animal que viva en el agua o surja de ella. Con el vértice orientado hacia abajo es masculino; le corresponden los valores de Fuego, el plasma, la emanación, el nacimiento; puesto que abajo se relaciona con detrás, dentro y la energía yin.

Red_triangular_signos

En la Figura 3, el modelo de red fundamentado en el Triángulo Equilátero debe contemplar ambas posiciones significativas de la misma forma, a fin de expresar el universo simbólico que acabamos de explicar.

¿Cómo reconocer una marca de cantero?

© Álvaro Rendón

Publicado el Martes, 22 Enero 2013 15:00

en [http://www.signoslapidarios.org/inicio/las-marcas-de-canteria/120-como-reconocer-una-marca-de-cantero]

 

No todo lo grabado sobre sillares es una marca de cantero; a veces, ni llega a la categoría de signo epigráfico. En ocasiones nos hallamos ante un burdo acto vandálico consistente en dejar nuestra impronta rayada sobre la piedra blanda, por la simpleza de violentar el silencio de un paramento inmaculado con un objeto puntiagudo, la punta de un grafito, rotulador; o mancharla con pintura, tiza o yeso. Parece que sintamos envidia que el muro haya resistido el paso del tiempo y lo mancillamos, faltándole el respeto que merece. A menudo, el visitante o turista desea perpetuarse, grabando el anagrama con su nombre y una fecha de visita, registro de su acto más atroz.

Estos actos, desgraciadamente, no se dan sólo en nuestra época de locura. Hubo otros tiempos (finales del XVIII y todo el XIX) donde la gente viajaba y marcaba los edificios como quien tacha el número de la estampita que colecciona. Nada hay más estúpido y borreguil que leer sobre una pared de yeso: “Aquí estuvo MNA 12-8-70”, como si hubiera alguien en el universo que le importara siquiera su existencia. Estas marcas son reconocibles, pero hay otras que nos pueden llevar a error. Conocer las evidencias que nos ayuden a diferenciarlas es básico para el cazador de signos y marcas de cantero que busca ese dato relevante para seguir su investigación.

 

Por ello, me parece conveniente que antes de hablar de análisis y explicación interpretativa de las marcas de cantero (que a veces generalizamos como signos lapidarios) deberíamos asegurarnos de que el signo que tenemos delante es una marca de cantero y no el resultado de una impronta posterior o, como hemos comentado, algo peor: un acto de vandalismo execrable. Históricamente, todos los signos lapidarios, sean marcas de cantero o improntas arbitrarias de personas ajenas al oficio, son importantes porque forman parte del edificio y, por ello, son aditamentos de su idiosincrasia, del correr del tiempo, que podrían aportar datos.

Por ello, antes de registrarla para su posterior análisis, preguntémonos si es, o no, una marca de cantero. Pero, ¿cómo reconocerla? Existen algunas evidencias que deberían orientarnos. La primera, su morfología. Generalmente, las marcas de cantero respetan un modelo geométrico, por muy compleja que puedan parecer. Si no es así, es muy probable que se trate de un grafito, o la huella de algún visitante desaprensivo. Después, debemos observar su ubicación. Las marcas de cantero aparecen sobre un único sillar, generalmente un vértice. Nunca comparten dos o más bloques y su tamaño varía, desde una séptima parte de la superficie total, los más pequeños; a un cuarto, los mayores.

El cantero está habituado a emplear formas abstractas para expresarse. Su trabajo diario consiste en nivelar, escuadrar y alisar superficies; por lo que, la geometría está muy presente en él. Cuando traza una vertical, ésta debe respetar la “plomada”; una horizontal se trazará en función de la vertical del suelo y la ayuda de la escuadra; un círculo, o porción de círculo, es inconcebible que se confeccione sin compás, a mano alzada. El rigor del trazado forma parte de su cometido, la exactitud y el respeto a ese trazado es parte de su compromiso con la obra; por tanto, cuando traza una línea “descuadrada” habrá que interpretarla desde la óptica de la intencionalidad: el cantero quiso decir algo con esa aparente “imperfección”.

Finalmente, una marca de cantero siempre se ejecuta con herramientas de cantero, porque está convencido de que para perpetuar la marca debe incidir sobre la superficie de la piedra labrándola con puntero para abrir un surco trabajado; o empleará una plantilla como guía para rayar profundamente la superficie. No se limitará a marcarla superficialmente.

Resumiendo, asegurémonos de que la marca posee algún comportamiento geométrico, está ubicada en un sitio inaccesible al turista, ocupa un sólo sillar y está confeccionada con herramientas de cantero, antes de valorarla como marca de cantero.

 

© Álvaro Rendón Gómez

El oficio de cantero

© Álvaro Rendón Gómez

Publicado el Lunes, 21 Enero 2013 19:50

en [http://www.signoslapidarios.org/inicio/el-oficio-de-cantero/119-el-oficio-de-cantero]

 

Una marca de cantero es un grabado confeccionado sobre un sillar con la intención de expresar algo que aún desconocemos en profundidad. El grabado aparece generalmente en la cara descubierta del sillar, exterior o interior al recinto, y es propio de una determinada época (durante el Románico, Pregótico, Gótico y Protogótico). Son la seña de identidad de hermandades, fraternidades o gremios de canteros imbuidos en las ideas cirtercienses que toman al mítico Templo de Jerusalén como referente metrológico y proporcional. Recuérdese que las medidas del templo construido por Salomón fueron transmitidas por Yaveh al rey David (I Reyes 6: 2).

 

Nos interesa descubrir los significados formales, simbólicos y místicos de este lenguaje grabado sobre la piedra porque intuimos que encierra una sabiduría medieval, heredada de un Saber Antiguo y esotérico, y porque estos gremios sirvieron de guía a las posteriores fraternidades masónicas (de masón, obrero).

Estoy convencido de que parte de esa Sabiduría Primitiva se halla expuesta y desarrollada en las marcas de canteros; diferente a la que facilitarán los signos epigráficos y capitulares nos darán una información histórica referida al recinto (autor, fechas, etc.), a la época, al lugar, etc. Por tanto, antes de analizar la marca en sí deberíamos familiarizarnos con ella y, al ser un gesto gráfico confeccionado por el cantero, habituarnos a las herramientas y acciones serán básicas.

Hemos indicado que las marcas aparecen sobre un único sillar, raramente entre dos o más y nunca sobre un mampuesto. Recordemos que el sillar es un bloque voluminoso de piedra, labrado con forma de paralelepípedo (cuadrangular o rectangular) para ser colocado en hileras (alineados, un junto a otro) superpuestas para conformar paramentos. El mampuesto es más pequeño, y únicamente se labra una de sus caras, la que muestra. Los sillares se colocan con máquinas elevadoras, sujetas mediante hondillas (una cuerda con un nudo pasante especial) o tenazas de hierro que cierran con el peso del bloque. El mampuesto, en cambio se maneja manualmente. Hay dos maneras de colocarlas: A soga, u horizontalmente, donde el sillar se asienta por su cara de mayor superficie; o a tizón, o verticalmente, asentado sobre la cara más pequeña.

Para su unión se utilizaba argamasa, un mortero formado por arena, agua y cal, que actúa como conglomerante. Al secarse se endurece y tapa los huecos entre los sillares evitando que se muevan.

Los sillares se labran sobre piedras extraídas de canteras próximas. Conocer los diferentes tipos de piedras utilizadas en la construcción de edificios será básico para conocer el tipo de instrumento empleado. De todas las piedras posibles, usadas en construcción, los sillares se confeccionan en arenisca, cuarcita y caliza. La pizarra se utiliza para cerrar cubiertas, solar y como recubrimientos exterior o interior. El mármol, a pesar de poseer gran dureza y un bello acabado, no se utiliza como sillar, sino como material de revestimiento, solado y en los fustes de columnas.

La piedra arenisca es un aglomerado de granos de cuarzo, muy resistente a la compresión y flexión. Se ablanda con el agua o la humedad, lo que facilita su labrado. Acusa el paso del tiempo y los cambios meteorológicos; empleándose en edificios de poca alzada.

La cuarcita, en cambio, mezcla el cuarzo con el sílice, ganando en resistencia a las agresiones externas; pero, es difícil de labrar. La piedra caliza, que es un mármol (carbonato cálcico) con trazas de magnesio y caparazones de organismos vivos, resiste la flexión, compresión e impactos medioambientales; aunque tiene sus enemigos en los anhídridos carbónicos, sulfurosos y nitrosos, producidos por la contaminación de las ciudades. Es buena para el labrado y la talla.

Salvo el martillo hidráulico, al que se le adaptan diferentes puntas, el paso del tiempo parece detenido en los utensilios del cantero. En la época de las Catedrales, los bloques en bruto se cortaban a medida en la misma cantera y se trasladaba en carreta tirada por bueyes hasta el pie del edificio.

La Escoda o Trinchante tiene forma de martillo; por un extremo es un hacha y por el otro, un pico, y lo utiliza para desbastar gruesos volúmenes. Los Punteros, Cinceles, Gradina (cincel con dientes), Escafiador, etc. desbastan fino empleándose para perfilar y acabar las formas que serán definitivas. Para golpear los cinceles se utilizan mazos, martillos y buhardas; y para abrir una escotadura de agujeros donde encajar cuñas de madera y romper la piedra por sus fibras, está el berbiquí o trépano, que tiene forma de ballesta por lo que es fácilmente confundible. Las herramientas utilizadas para medir son variadas y muy simples, desde el baivel o falsa escuadra, de diferentes formas aunque todas ellas imitan al triángulo rectángulo isósceles; los perfiles o plantillas, confeccionadas con planchas de madera o metal, y la plomada o nivel; además de cuerdas para trazar tirantes.

El oficio de cantero es apasionante porque es capaz de extraer formas implícitas en el interior de un bloque de piedra mediante determinadas acciones, siempre las mismas; como desbastar, utilizando escodas, martillos, picos, punteros y cinceles; entallar, o ajustar el bloque a las medidas, mediante las acciones de escuadrar y aplanar dos caras (la que servirá de base y una lateral), comenzando por los lados. Entalladas estas dos caras, el cantero repetirá para las otras cuatro caras. A veces, a los sillares han de labrarse llaves o rebajes para los anclajes de metal (con forma de palometa, doble cuña o doble uve), huecos o tallar formas; dibujando directamente sobre la cara y empleando monteas o dibujos a tamaño natural. Para los acabados superficiales, el cantero utilizará Gradinas y Escofinas.»

© Álvaro Rendón Gómez

 

Los adoradores de Piedras (1) y (2)

© Álvaro Rendón Gómez

Publicado en el Diario de Cádiz [4/12/12]

[http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1412056/piedras/sagradas.html]

Las más antiguas tradiciones recogen el mito del santuario de Adán, construido de zafiros y rubíes que fue elevado al cielo para evitar las aguas del diluvio. Cuando las aguas volvieron a sus cauces, el arcángel san Gabriel retornó la piedra-santuario de Adán y se la entregó a Abraham, que la custodió hasta que se perdió. En el Antiguo Testamento abundan las referencias a piedras sagradas adoradas por los hebreos: Jacob apoyó la cabeza en un betel que le provocó el sueño de la escalera que ascendía al cielo y que se asocia a la Merkaba.

Las piedras sagradas han estado presentes en muchos cultos mediterráneos. En Mesopotamia se adoraba la piedra cónica abadir que los griegos incorporaron a su mitología como la piedra con la que Rea salvó a su hijo Zeus de ser devorado por Cronos, que así eliminaba a sus hijos varones para evitar que lo destronasen al crecer. Para ello, envolvió la piedra en pañales y se la dio a comer a su esposo.

En Egipto existía la piedra sagrada del templo de Heliópolis, denominada el Benben, con forma de pirámide de base cuadrangular regular y caras triangulares equiláteras. En Grecia era el omphalos, ombligo o centro del mundo, custodiada en el santuario de Delfos. Se trataba de un betilo de origen incierto que, según la mitología perteneció a Zeus. En Roma, los primitivos dioses familiares, Penates, se representaban por piedras redondas a las que se les ofrecía sal como augurio de salud y prosperidad. A Gea-Cibeles, diosa de la Tierra, se la veneraba en diversos templos bajo la forma de un meteorito negro y de superficie pulida. Las piedras cónicas de Elagalabus de Emesa, diosa solar asiria a la que construyeron un templo en el Monte Palatino; o el bloque de piedra granítica conocida como Baalbek, con forma prismática cuadrangular de medidas colosales; o, finalmente, la piedra negra sin labrar con cuatro cuernos que representaba al dios nabateo Ushara1; son ejemplos que avalan lo que decimos.

Piedras sagradas son los silex religiosos mencionados por Claudino, los mirificae moles de Cicerón, la piedra negra de Pessinonte, imagen de la Diosa Madre frigia que los romanos llevaron a Roma, y la piedra redonda que llamaban Neton los accitanos (en la antigua Guadix). Entre los musulmanes la piedra más sagrada es la Kaaba, en la Meca, con forma hexaédrica y de origen meteórico.

La llegada del cristianismo no impidió que los primitivos cristianos siguieran adorando piedras sagradas; hasta que los Concilios de Toledo (681 y 682) anatematizaron a los veneratores lapidum o “adoradores de piedras”. Pero, la medida fracasó y la Iglesia optó por otra solución que explicaremos en otro artículo.

Piedras cristianizadas

© Álvaro Rendón Gómez

Publicado en el Diario de Cádiz [11/12/12]

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1416933/piedras/cristianizadas.html

Tras los Concilios de Toledo que condenaban la adoración de las piedras sagradas, el pueblo continuaba aferrado a sus piedras sagradas que, en la mayoría de los casos eran representaciones de la Diosa Madre neolítica, símbolo de la fecundidad. Ante su aparente fracaso, la Iglesia decidió cristianizarlas.

Bastaba con colocar una imagen o una cruz sobre ellas; después, se construía un templo o una ermita en su lugar y el lugar quedaba integrado en la religión oficial. De este modo tan burdo, la Diosa Madre pasó a ser la Virgen María, y muchas imágenes medievales de la Virgen se coloquen sobre peanas esferoides que recuerdan las primitivas piedras desaparecidas, como la advocación de Nuestra Señora de Piedras Santas, patrona de Pedroche (Córdoba).

En el Andévalo onubense es famosa la romería al santuario de la Virgen de Piedras Albas. La Esfera de la catedral de Jaén, hoy en la plaza de Santa María, en Arjona, se veneraba como peana de la Virgen del Soterraño, patrona del templo. La piedra conserva la escotadura tallada en la que se encastraba la imagen de la Virgen.

La Piedra Santa de la catedral de Toledo se guarda en un edículo de mármol rojo no mayor que un buzón de correos, adosado a la Capilla del Descendimiento. La piedra sólo es visible a través de dos ventanitas enrejadas por las que las devotas introducen un dedo para tocarla e impregnarse de santidad. Según la tradición, la Virgen María posó sus plantas sobre la piedra sagrada cuando descendió del cielo para imponer una casulla a san Ildefonso, arzobispo de aquella diócesis.

A ambos lados de la escalera de entrada a la basílica de Guadalupe hay unas rejas de un par de palmos de ancho, tras las cuales se conservan fragmentos de la piedra sagrada sobre la que, según la tradición, la Virgen posó los pies en su visita a aquel santuario.

La Virgen del Pilar de Zaragoza se apareció sobre un pilar de piedra o columna, lo que justifica la veneración de esta piedra que sostiene a la imagen de la Virgen.

En San Frutos de Duratón (Segovia) la piedra santa es un bloque cuadrangular al que las devotas acarician y besan con unción. Se conserva bajo el santo, pero oculto por un altar de madera, lo que obliga a los devotos a arrodillarse y reptar por un angosto deambulatorio entrando por una puertecita y saliendo por otra para cumplir el ancestral rito de rodear la piedra; tal como se hacía cuando el lugar era un santuario matriarcal, antes de ser cristianizado en el siglo IV como ermita de la Virgen de la Hoz.

En el monasterio del Sacromonte (Granada), durante las fiestas de san Cecilio, patrón de la ciudad, las devotas entran en las catacumbas (la cueva sagrada) y prueban la virtud de dos grandes piedras que, según la creencia popular, ayudan a encontrar marido (la blanca) o a librarse de él (la negra).

Llamar ermita de san Miguel de Arretxinaga (Markina, Guipúzcoa) despista mucho porque los devotos vascos han levantado un edificio de proporciones catedralicias para abrigar dignamente las tres enormes rocas sagradas que cobijan, a su vez, la imagen del santo.

Para acabar, reflexionemos sobre el significado que encierra la acción de bendecir la primera “piedra” de un edificio en presencia de autoridades y medios de comunicación.