Las luces del Panteón

© Álvaro Rendón Gómez. mayo 2010

Aún ignoro cómo pude vivir sin conciencia de oprimido en una España con miedo. Creo que la libertad siempre estuvo dormida en los cantos de sirena de la FEN(1), de espalda a los embates de una guerra por el poder(2) cuyas estrategias se elaboraban dentro y fuera del país. Ahora, desaparecida la clandestinidad, reconozco que nuestros juegos eran más divertidos. Estaban en la calle, a cara descubierta. De seis a ocho, en la plaza de Peral, el Parque o la Victoria, y llevaban el sello de la música.
Éramos adictos a las 45 revoluciones, a los poemas endulzados con melodías recurrentes, progresiones de palabras que cierran un mensaje sonoro; sólo dos, tres estrofas, y el estribillo que martillea el tema central. Tal como estaba el asunto nacional, eran breves panfletos, que me llevaron a la poesía. Primero, los poetas malditos: Rimbaud, Mallarmé, Lelian, Baudelaire, Bertolt Brecht y Walt Whitman, leídos en traducciones de reticente similitud con el original. Después, los maestros: Juan Ramón Jiménez, Antonio y Manuel Machado(3); terminando en brazos de los místicos: Fray Luis de León, san Juan de la Cruz y Tagore(4).
Aunque seguíamos el camino marcado por lo exterior, no caímos en la trampa de los majatmas, gurús y swamis que aseguraban dar el conocimiento con un leve toque en la frente, suficiente para abrir el tercer ojo. Conocimos al Maharishi Mahesh Yogiy, responsable de que George Harrison renunciara a su maravillosa guitarra eléctrica para tañir el incomprensible sitar(5), tocado por la languidez de los semitonos. La paz fundamental, de Jiddu Krishnamurti(6), me descubrió el camino hacia mí mismo; aceptándome tal cual era y tratando de proyectarme a los demás. Eran los años de Medusa(7). Allí traté al admirado José Luis Tejada(8) y al erudito Manuel Martínez Alonso, ¡cuántas veces habré releído su antología de textos del Puerto en la Literatura! Poco tiempo después, y ante el empuje de los jóvenes, Juan Ignacio Buhígas, Munguío, los Poullet(9) y muchos más, se montó Menfis. Conocí a Abrahám, Pepo y Juanófeles. Pistón vino más tarde, junto con Inma, Conchi, Maricarmen y Mila. En un ambiente en que lo intelectual estaba mal visto y pocos lo practicaban, fundamos el Panteón, en la Granja de san Javier. Un lugar de reunión con cierto aire de hapening(10), antecesor del performance y de la improvisación. No creo que supiéramos lo que queríamos porque nos movíamos por impulsos, por un arraigado sentido de la imitación. Éramos hippies frustrados que nos perdimos la movida de Wight y el concierto de Woostock, bañarnos en bola picada en Ibiza y Formentera, y nos contentábamos con oír el LP de Santana o Jimi Hendrix; con el alma, bien alimentada de música por la “US Navy radio”. Leía entonces La ciudad y los perros, Los cien años de soledad(11), Los cipreses creen en dios(12), y cualquier novela recomendada por aquel Círculo de Lectores que seleccionaba obras por nosotros
Cansado de las historias que no eran mías, me decanté por el ensayo literario: ¡Estaba tan obsesionado con Martín Bueno, mártir que lo tenía en la cabecera de mi cama! Busqué en la generación del 98 otros referentes; pero, no pude entender entonces los paisajes de Baroja o la densidad alquitranosa de sus personajes. Del bueno de Martín caí en las garras del Lobo estepario; después me hice amigo de Demian; sucumbí Bajo las ruedas, y practiqué con torpeza El juego de los abalorios… Herman Hess siempre tendrá un hueco en mi corazón.

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1/ Formación del espíritu nacional

2/ Con el tiempo he tenido la oportunidad de leer las experiencias de otros, tanto de los que estuvieron dentro ayudando a desbancar lo que había, como a los que lidiaban desde la barrera del exílio, temerosos de un toro que no embestía con claridad.

3/ Algunos poemas de León Felipe, Lorca y Miguel Hernández. De Alberti leí Marinero en tierra, Sobre los ángeles y A la Pintura.

4/ La mística tenía mucho sentido para mí. Me acercaba al sentimiento de los oprimidos y desheredados. Ambos sufrían una soledad de mundo capaz de helar los huesos. Eran dos caras de una misma vida de sinsabores, sacrificios, renuncia y fe en que el mañana siempre será mejor. La esperanza era el devenir del deseo, un dejar de ser lo que no somos para ser lo que realmente somos.

5/ En 1966, George Harrison viajó a la India con Pattie, su mujer. Allí conoció a Maharishi Mahesh Yogiy y recibió clases de sitar. La aventura del sitar duró hasta 1974, con el estrepitoso fracaso de aquel concierto multitudinario, conocido como Dark Horse. Puede decirse que Ravi Shankar consiguió lo que ningún interprete hizo jamás: cabrear a todo el público.

6/ Aquello que puede llamarse “yo”, ¿no es acaso un principio negativo, una superestructura que, creada por agregación de prejuicios, temores y pactos, sofoca lo que sería solamente real, la vida, exactamente como en el psicoanálisis o el irracionalismo, distinto del elán bergisiano?

7/ Medusa fue una agrupación cultural portuense que cobró gran prestigio provincial. Tuvo su primera sede en la calle Jesús de los Milagros. Luego se trasladó a Micaela Aramburu.

8/ Aún conservo el ejemplar de ”El cadáver del Alba” que me regaló.

9/ De todos los hermanos, Faelo Poullet era el más dinámico. Director de cine con su cámara de super-ocho a cuerda siempre encima. Él escribía el guión, producía, filmaba, doblaba y exhibía los cortos. Aún recuerdo las reuniones en el patio interior de su casa, donde olía una mezcla de jazmín, albero recién regado y los productos químicos que vendía a granel.

10/ La representación de teatro leído se mezclaba con música y poesía. Al terminar, el público asistente intervenía.

11/ Sigo opinando que le sobran treinta y tantos años de soledad, y la mitad de las páginas.

12/ Los personajes de Gironella eran peculiares, escogidos con minuciosidad para que representasen a todo el arco de ideas de los años treinta y pico, donde transcurría sus historias.

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