Grutas Sagradas

© Álvaro Rendón Gómez • Porcuna Digital 26.10.2013

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Las cuevas y grutas se han asociado históricamente a cultos mistéricos. Muchos templos y santuarios cristianos se fundaron sobre estas oquedades, fueran naturales o artificiales. En España abundan las cavernas cristianizadas, casi siempre asociadas a algún santuario o templo.

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Mencionaremos como ejemplo la cueva y ermita de San Bartolomé de Ucero, en Soria, en un meandro del río Lobos, y protegida por elevados acantilados. Es una cueva enorme donde se realizaban ritos y ofrendas a la Diosa Madre.

En la vecindad de la cueva, cruzando la corriente fluvial, se construyó la ermita de San Bartolo que, según algunos, perteneció al monasterio templario de San Juan de Otero. De construcción románica tardía, su planta es de cruz latina y sus muros de sillería.

En la misma provincia hallamos la ermita de San Baudelio de Berlanga, resto de un eremitorio mozárabe que se levantó sobre la cueva. En Hoces de Duratón, Segovia, la famosa ermita de San Frutos de Duratón, donde los vecinos recuerdan el milagro de la mujer despeñada en 1225 por su marido celoso. San Frutos la resucitó y, en agradecimiento, la mujer donó sus bienes al priorato. Existe una inscripción donde reza:“Aquí yace sepultada una muger de su marido despeñada y no morió i hizo a esta casa lymosna de sus bienes”.

En Covadonga (Cueva de Onga), según una piadosa leyenda, la Virgen o Santina acudió en ayuda de los cristianos en la famosa batalla de Covadonga (712). Primer clarinazo de la gloriosa Reconquista que algunos historiadores actuales, políticamente correctos, intentan rebajar a mera reyerta navajera.

Parece que fue el propio Pelayo, o quizá su descendiente Alonso I, el que fundó allí un monasterio benedictino hacia 740. La concurrencia de cueva y manantial sugiere la existencia de un santuario ancestral cristianizado. El templete que alberga la cueva parece románico pero es moderno. La basílica adyacente, de traza igualmente románica, data de finales del siglo XIX.

Sin salir de Asturias, y no lejos de Covadonga, se levanta la Ermita de la Santa Cruz, erigida hacia 737 en Cangas de Onís, sobre un dolmen prehistórico que se mantiene accesible en el subsuelo de la actual capilla. Se considera el primer templo construido por la monarquía asturiana.

En la comarca burgalesa de Las Merindades, hacia el norte, encontramos la ermita de San Bernabé o Sotoscueva, construida sobre las cuevas de Ojo de Guareña, al sur de los montes de Somo, donde la paciente acción de arroyos y ríos ha modelado las partes más solubles de la roca caliza hasta formar crestas rocosas, simas, barrancos, cuevas, sumideros y galerías. Aquí, las aguas subterráneas excavaron una red de galerías que abarca más de cien kilómetros en seis niveles.

Tras la fachada podremos admirar pinturas de 1705, donde narran a modo de tebeo los milagros de San Bernabé y San Tirso. Es costumbre que los devotos le recen al santo y recorran trescientos metros de galerías misteriosas en las que se conservan silos prehistóricos excavados por los primitivos pobladores del lugar. Los que padecen de los ojos los lavan en la pila del santo con el agua que brota de un pequeño manantial subterráneo.

Sin salir de la Comunidad de Castilla, podemos visitar la cueva de San Genadio, en Santiago de Peñalba, a 25 kilómetros de Ponferrada. Iglesia mozárabe, resto del monasterio fundado en el siglo X por el santo que llegó a obispo de Astorga. A unos dos kilómetros está el valle del Silencio, eremitorio visigodo, con la denominada cueva de San Genadio.

En Alájar, sierra de Huelva, se halla el santuario de la Virgen, que se asocia a un abrigo abierto en el escarpe del cerro en el que encontramos una piedra cóncava en forma de barca, sobre la que probablemente oscilaba la piedra esférica que representaba a la antigua divinidad, denominadas “abaladoiras”.

Estas piedras de granito pulido, asentadas sobre otras rocas, se mueven con el impulso del más ligero impulso del viento o de la tierra. Abundan todavía en muchos santuarios gallegos y en acantilados rocosos. Se consideran prehistóricas de origen céltico cuya función podría ser de aras o altares porque poseen canales de desagüe y se hallan adornadas por curiosos grabados.

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